DIOS NO ES PALABRA DE MODA
El tema de Dios lleva desde que el hombre es un ser intelectual, ocupando sus horas de pensamiento. A favor o en contra de su existencia, los grandes filósofos y pensadores no dejan de expresar sus opiniones y argumentos. Nada debería ser más importante para el ser humano que saber quién nos puso aquí y quién es el autor del universo, pero estas no son hoy conversaciones muy frecuentes, porque hay que usar la palabra Dios y la palabra Dios no está de moda.
El hombre ajetreado de la calle no tiene tiempo para esto. La mayoría de las personas en el mundo de la civilización occidental viven bien, ocupados por el trabajo, comen y beben cuando lo desean, tienen innumerables ofertas de entretenimiento, cualquier distancia es salvable, viajan a países lejanos con sofisticadas propuestas de ocio y deporte; los problemas económicos o los causados por relaciones familiares, sociales y de pareja son el único escollo. Los divorcios son cada día más rápidos y fáciles de conseguir, los tribunales se inclinan casi siempre al trabajador,y el grupo social al que me dirijo sabe sacudirse con habilidad los problemas.
Con un clik se solventan asuntos que antes requerían horas de gestión. La información cultural, médica, política y social está en el archivo del móvil. Y en este mundo, que ha llegado rápidamente a unos avances científicos y tecnológicos espectaculares, las personas se sienten protegidas y despreocupadas. Por ello se intenta vivir para sentir, solo sentir, hoy no se piensa mucho. "No le des vueltas a la cabeza- te dicen-piensas demasiado." Yo creo que nunca se piensa demasiado.
En este entorno superficial, fácil, solo la muerte y los embates de la naturaleza irrumpen bruscamente en la monótona vida y descolocan proyectos y seguridades.
Ahora, la imprevista llegada desde China de un desconocido virus, está trastocando la vida de todos los ciudadanos de casi todos los países.
Es un virus cuya característica es su rápida transmisión, con aparente comportamiento leve, como un pequeño catarro, oculta los síntomas en los transmisores, lo que le da una cualidad fantasmal. Se ensaña especialmente con los ancianos y las personas debilitadas por patologías anteriores. Provoca una neumonía extraña y letal, que destruye rápidamente el tejido pulmonar. El contagio es de difícil reconocimiento, ya que los jóvenes y los niños no lo padecen pero pueden ser portadores, y algunos adultos lo sufren muy levemente, casi sin síntomas, pero siguen unos quince días pudiendo ser vectores de transmisión. Se desconoce su capacidad de inmunidad para los que la padecen...
En fin, no quiero que sea una descripción médica de esta desconocida y feroz enfermedad que se ha convertido en una pandemia mundial.
La única solución para evitar el contagio es el aislamiento de las personas, la prohibición de todo gesto de amor o amistad: besos, abrazos ni siquiera el apretón de manos, la distancia exigida es metro y medio entre dos personas.
Ahora las autoridades, ante la evidente gravedad de la pandemia, están tomando drásticas medidas de recortes de las libertades individuales, tarde y arrastro. Hay que permanecer en casa. Ni restaurantes ni bares ni teatros ni museos ni cines ni salas de fiesta ni espectáculos deportivos. Cerradas todo tipo de reuniones: culturales, educativas, sociales, turísticas, lúdicas, deportivas y religiosas.
En dos meses, desde que empezó la epidemia en China, la bien construida sociedad humana, satisfecha del alto grado de comodidad, se ha desmoronado y los ciudadanos sobreviven aislados en sus viviendas.
Este ser humano pedante, seguro de sí mismo, que ha crecido creyendo que puede ser un superhombre, un pequeño dios, inmerso en las seguridades del estado de bienestar, ha quedado desconcertado mostrando su debilidad, su incapacidad, su imprevisión, su indigencia.
El brillante servicio sanitario del que nos sentíamos orgullosos, está colapsado, los profesionales no dan a basto, los recursos y los materiales no son suficientes. Y además de los infectados de corona virus, los enfermos de otras patologías, que necesitan periódicas estancias hospitalarias, no pueden ser debidamente atendidos. El virus se ha cebado en las residencias de mayores y los ancianos han fallecido solos, ya que a los familiares les estaba prohibido el acceso para evitar el contagio. Y hasta los cementerios muestran su incapacidad, ha sido necesario habilitar espacios dedicados al deporte del hielo para instalar morgues donde depositar los cadáveres hasta su enterramiento o incineración Es la horrible cara de la peste.
Solo Dios puede sacarnos de esto, y la iglesia católica en España retransmite misas, adoración eucarística, ángelus, rosarios y otras devociones, para pedirle ayuda. Y de pronto la palabra Dios empieza a ponerse de moda.