lunes, 28 de diciembre de 2020

VOY A MEJORAR TU VIDA

Cuando oiga usted esta frase salida de los labios de un gobernante o sospeche la intención aunque no lo diga, échese a temblar. Lo peor que  puede pasar por la red de neuronas de un gobernante es el deseo de  cambiar las costumbres o, aún peor  los principios, de los  ciudadanos. La vida nos ha demostrado que ser  elegido por una mayoría de los votantes,  no  garantiza la bondad, ni la honradez, ni  la inteligencia del elegido. Sale el que sale. El que mejor sabe presentarse, como la publicidad de un producto;  el que se apoya en un partido más fuerte, o el que  presenta sus planes con más habilidad,  o el que engaña mejor en sus proyectos,  para después cumplir solo los que le vienen bien sobre la marcha.

 La democracia es el más justo de los sistemas de gobierno porque protege el derecho a equivocarse de cada ciudadano, según sus ideas y su manera de ver lo que conviene a un país. Por ello resulta un arma peligrosa en manos de los  que aspiran a un gobierno totalitario. Empiezan presentando proyectos de libertad y justicia que jamás  cumplen,  bajo el envoltorio de bondad  desinteresada. Después comienza el cambio del lenguaje con un intento  de ajustarlo con diferentes razones de nacionalismo, igualdad o justicia; más tarde se cambian los planes de estudio de los niños y adolescentes vendiéndoles la envenenada píldora de libertad frente a sus anticuados padres. Por último se interviene en las costumbres del pueblo: sexualidad, tradiciones, moral, cultura y creencia religiosa. Devoran las libertades individuales. Cuando el pueblo se da cuenta de que no venían a mejorar tu vida sino la suya, ya es tarde.

 Y lo publico hoy porque la fecha   de los Santos Inocentes  hace muy oportuno este comentario, que llevaba varios días escrito.  Después de votar a uno de estos candidatos prometedores de cambios hacia la felicidad de los ciudadanos, muchos se dan cuenta de que todo ha sido una bien preparada inocentada.






jueves, 26 de noviembre de 2020

NECEDAD

No se puede criticar, hablar, escribir  sintiéndose por encima de los demás. Eso está muy feo. Pero ¿qué haremos, para conservar la cordura, el buen juicio, el equilibrio? ¿Cómo evitar que te absorban y devoren? ¿Cómo sobrevolar  ecuánimes  un mundo así? ASÍ quiere decir desbaratado, desordenado, disparatado, incongruente. Toda persona   tiene el derecho y el deber de crítica a la sociedad a la que pertenece y al gobierno que le sirve (o debería servirle) y  administra sus impuestos. En la era del algoritmo me siento zarandeada, parece que estemos gobernados por los giros de una descentrada ruleta.

Yo no pertenezco al grupo de los conspiranóicos, que creen en  proyectos de destrucción diseñados en las  secretas reuniones nocturnas de los grandes adinerados, poderosos, y ven en cada acontecimiento, o en la pandemia, su siniestra intervención. No.  Sé que hay  quienes cavilan para imponer nuevos destinos a este mundo. Son los mismos de siempre, y sabemos qué quieren: dinero y poder para imponer sus planes. Ya conocemos aquellas ensoñaciones de implantar nuevos y maravillosos sistemas, que acabaron llevando  al mundo a la degradación y a la muerte. Algunos de ellos  han llegado  a sobrevivir, están aquí a plena luz, con nuevo maquillaje a la vista de todos, y aún trabajan eficazmente.

El mal es muy artero, su   más útil aliado  fue entonces, y es hoy, la necedad.  La necedad  viste  distintas túnicas, pero  está siempre interceptando los caminos. La necedad es ingenua, desmemoriada; el arbusto mas cercano le oculta la montaña y el brillo de lo que ve y oye la adormece  y empereza  para  el análisis o   el raciocinio. Al público necio le subyugan las mentiras nuevas y vistosas, porque rompen la rutina, y engulle el bocado sin previo trabajo de masticarlo.  El éxito es conseguir, ya dijo Göebels, repetir la mentira hasta hacerla habitual, familiar. 

Paradójicamente la necedad convive con la cultura, los títulos académicos,  las letras, la ciencia y la técnica. Los millones de manos alemanas levantadas en los bien organizados actos nazis,  pertenecían a ciudadanos  cultos, pero necios. Bastaron muy poco años para que se dejaran entusiasmar, embaucar.  Nos preguntamos ¿Cómo fue posible? Aquellas puestas en escena de los malvados totalitarios, fueron espectaculares,  fulgurantes, agitados por el balanceo de sus banderas,  excitados por los himnos y el trepidar del  paso acompasado de las botas. Y les prometieron un MÁS pertenecer al país MÁS poderoso del mundo.

 La gran madre y maestra de lo que he llamado aquí NECEDAD es la vanidad humana, ese  empeño ridículo de ser más o al menos pertenecer a un  grupo de los más. Es perdonable en el joven: acaba de llegar y tiene que formarse una opinión antes de haber probado el guiso,  sin seguridad sobre los condimentos y, como es lógico, deslumbrado por  el envoltorio. Ya le pasaba con los regalos de Navidad, todos los proyectos vistosos  le atraen. Hoy  ha cambiado  la forma de llegada a la vista y a la información,  les deslumbran con otro fulgor. El joven vive en y por las redes sociales. Todo lo recibe a través del móvil y su deseo de más está ligado a él: más número de seguidores, ser un "youtuber", conseguir ser "trending topic", más "me gustas," el equipo de fútbol con más copas, las marcas "Mas" de moto o coche, en la ropa, más descaro  en Instagram, más ligues en la agenda y más atrevidos  selfies al borde del acantilado... 

  (Continuará)  Veremos las mentiras impuestas  como verdades  en la sociedad de hoy, que provocan una censura solapada. Son barbaridades enormes, algunas repugnan a la moral, otras ajenas a  la responsabilidad, que es  la gran cualidad para merecer llamarse persona; pero  ya se han instalado como verdades irrefutables. Los necios  las han deglutido sin quitar siquiera el envoltorio de colores, y las saborean sintiéndose verdaderamente modernos, cultos, civilizados. 

lunes, 26 de octubre de 2020

LA PÁLIDA SEÑORA

LA PÁLIDA SEÑORA

Madrid, 14 de octubre, 2020

  He escrito desde su visita algún tonto comentario lleno de nada, sin rozar su  nombre para no escarbar en la herida, para no despertar  a la pena.  La muerte, esa pálida señora, ha  irrumpido, una vez más en  mi historia. ¿Cómo se puede seguir viviendo después de su helada visita que arranca, tan descortésmente, una parte tierna  de la propia  vida?

Comer, dormir, hablar, vivir… la rueda   gira con  brutal indiferencia. Pero poco a poco suben a la superficie y flotan desgajados los  restos del naufragio. Un punzante vacío al mirar su imagen, el golpe seco de la pérdida  al nombrarla. ¡Cuántas cosas envuelve en su interior un nombre querido! Paz. En sus tres letras me  duele el ya imposible juego de evocar   juntas bobas canciones y frases clave,  de los  años lejanos: La princesa triste,  el vestido de la abuelita,  miñoca, una lioba, brañas, pelouro, pío pío escapao, ¿quién rompió la luna?… que sólo para nosotras tenían sentido.

La muerte  es solo un ráfaga afilada e indolora, que corta el hilo de la vida en un instante. ¿Y después? La pregunta martillea . ¿Dónde están  todos aquellos  que  llenan aún, silenciosos,  las páginas de la agenda y runrunean en los rincones de mi  corazón?

 Mi fe los sueña ingrávidos, transparentes, gráciles, desbordados por la  luz del rostro de Dios, es decir: Felices.

María Nieves

miércoles, 7 de octubre de 2020

SOL SÍ

No voy a describir una partitura, me he dejado llevar y voy a hablar del tiempo.

 El verano se va y en buena hora. Amar el  verano  parece una obligación. Sí, es verdad que es tiempo de mucha y continuada luz, se ahorran minutos  al  vestirse rápidamente, porque hay poco que ponerse encima y la temperatura obliga a darse  buenos baños. Pero en verano lo mejor del sol es que consigue unas sombras deliciosas. No me gusta el sol. No, borra eso  que  no es verdad; me gusta mucho el sol, mucho, cuando lo necesito. Él tiene unas obligaciones y debe cumplirlas: iluminar, quitar el frío, alegrar el paisaje y fijar la vitamina D, pero  no deslumbrar  mis ojos, quemar mi piel con peligro de cáncer, ni sofocarme amenazando con una congestión cerebral, que puede llevarme a la fría tumba. Todo  perjudicial para la salud sobre todo lo de la tumba 

El sol es precioso en invierno; nada más bonito que un día muy, muy frío bajo un cielo azul zafiro, sentada a pleno sol dejarse acariciar por sus luminosos y benévolos rayos.

 Bienvenido seas dorado, tímido y desigual otoño.

jueves, 17 de septiembre de 2020

LEER

¿Por qué o para qué leemos?   Me refiero a ficción, porque el estudiante lee para aprobar la asignatura y el abogado se mete ochenta folios, entre pecho y espalda, para enterarse  del caso judicial. 

La mayoría de los lectores lo hacemos para distraernos, para  alejarnos de la monotonía del  día a día,  y son muchos los que leen para escapar de la propia vida  estrecha y agobiante. Los niños  necesitan  cuentos mágicos   que les hagan soñar con   una vida futura llena de maravillas,  disfrutan con  aventuras donde siempre se identifican con los campeones. Leemos para  envidiar hazañas que soñamos  poner en práctica un día,  viajes que quisiéramos llevar a  cabo algún verano, para conocer costumbres de mundos  distintos,  para  admirar  heroísmos irrealizables con nuestras capacidades... 

 Para mí nada tan interesante como explorar las causas y las razones del comportamiento humano, los porqués para actuar en determinadas ocasiones; la decisión trascendental de un personaje  me sugiere todo tipo de variantes  en las mismas circunstancias. Es un placer recorrer con la lectura las complicadas volutas del cerebro humano, las acciones que llevan al éxito o al fracaso, al bien o al mal. Leer, leer siempre: para ampliar nuestros conocimientos, para ejercitar  el espíritu critico con los personajes históricos que se nos describen. Leer nos enseña a juzgar, a distinguir el bien del mal y colabora en la tarea de hacernos   madurar como personas.

En el tiempo de confinamiento por la pandemia los libros han sido un refugio templado y acogedor para mi  desolación. Es verdad que la televisión y los medios audiovisuales también ayudan a introducirse en vidas ajenas y olvidar los problemas propios, al fin y al cabo las películas y series se construyen sobre los cimientos de una primera historia. En el cine se nos da todo bien masticado, en la  lectura el trabajo mental es mayor, el lector dibuja el paisaje, hace correr los ríos, colorea las flores, fija el rostro   del protagonista que el escritor boceta, se identifica con el personaje más afín a él, comparte sus sentimientos de  placer, terror,  piedad y  odio;   y  siente el  calor y el frío descritos con habilidad por el autor. Cuando después de haber leído muchas veces una novela que nos apasiona, la vemos en película, es difícil que todo esté a nuestro gusto: imaginábamos más guapa a la chica, o  el joven pretendiente del que nos enamoramos,   nos parece en la película  alguien al que nos sería difícil amar en carne y hueso. 

El lector termina y perfila la narración, una novela se escribe entre el autor y sus lectores. Se ha dicho ya muchas veces, no me atribuyo nada.

 

lunes, 31 de agosto de 2020

¡PUES QUÉ BIEN!

 Una vez más lo intento: No quiero hablar del tiempo ni de política, pero  tanto uno como la otra se empeñan en darte ocasiones extraordinarias para volver al tema vetado. Aun nos sentíamos en un verano caluroso, diría mejor asfixiante y de pronto una tormenta no demasiado aparatosa, con vientos de no sé donde, nos ha situado en pleno otoño. A mí el otoño me gusta, confieso ser una de las pocas personas que prefieren la melancólica  belleza de ese mes cobrizo, a la abigarrada  primavera excesiva en todo o al desecante verano  dominado por el cruel dictado del rey sol...

¡Pues qué bien  han bajado las temperaturas!, pero si te coge en la playa con pantalones cortitos y camiseta de tirantes y además de encontrarte impropia te amenaza el resfriado, la situación es menos romántica. Comprarse algo nuevo siempre  hace ilusión y tenemos la coartada de la "fuerza mayor"para llevarnos una cazadora vaquera, que va con todo, y cuando hace calor estorba y cuando hace frío no abriga: Ideal.

Yo no sé si hay un ángel especialmente dedicado a administrar el tiempo, pero me parece que estos cambios bruscos y fuera de estación están promovidos por alguien con neuróticos cambios de humor o con muy mala idea, rasgos que a un ángel  no le pegan, según su perfil tradicional.

Lo nuestro, de todas maneras, es quejarnos, unas señoras decían esta mañana "qué  frío hace" Con 20 grados no hace frío, ha bajado mucho  la temperatura, pero si a eso le llamamos frío no nos quedan palabras en el diccionario para los cinco bajo cero. En realidad hacía la misma temperatura que en los restaurantes cuando la gente se queja de calor en la calle.  Esto lo  hacen para obligarnos a llevar una rebeca, porque los escotes aturden mucho a los camareros, que llegan a olvidar los pedidos y  los clientes masculinos,  distraídos comen menos. ¡Machismo!

Septiembre se nos echa encima. Y todo el mundo está nervioso porque nadie sabe bien qué hacer con los niños españoles y algunos extranjeros escolarizados. Este es un problema que se presenta en algunas ocasiones a los padres, a los profesores, a los abuelos y sobre todo  al ministro correspondiente. Yo opino que los niños han sido inventados precisamente para eso, para dar problemas. Porque si tienes dos niños o dos niñas, qué normal sería que tuvieran el mismo  carácter, las mismas aficiones y los mismos gustos. Pues no, son opuestos u opuestas. En una casa de cinco niños, a cada uno le gusta  una comida distinta y si los padres no son rígidos e intransigentes, como los de antes, tienen que preparar las comidas con cinco variantes. Una ensalada, por ejemplo: La mayor no toma mayonesa que engorda,  este no quiere lechuga, el pequeño vomita el huevo duro, a la niña le repite el  pimiento, y el pelirrojo odia el atún  y grita "apártalo, apártalo, que  está tocando al tomate".  

 Ahora para que no se contagien con el/la covid quieren separar a los niños: que no se toquen,  que no jueguen al fútbol regateando, que no escupan al compañero, que no intercambien cromos, ni comida, ni chuches... creo que van a crear una hornada de autistas.

 "Pues qué bien" 

miércoles, 12 de agosto de 2020

CALORES Y LECTURAS

 Día doce ya , aún en la canícula,  supervivientes a los ardores y sudores de las temperaturas africanas aderezadas con un espolvoreado de covid en  noticias, opiniones, críticas y previsiones apocalípticas.  

Pero no,  del tiempo no voy a escribir y de pandemia tampoco. He leído bastante  gracias a esta  reclusión y eso espabila mucho las ideas e invita a desahogarse en el teclado. Sin recordar ya  mi primera lectura, que ni siquiera recuerdo si fue completa, me he puesto con "Del Amor" de Sthendal y he sufrido una decepcionante impresión. Esta extraña  personalidad que se transparenta en este, no sé si llamarlo ensayo, boceto, diario o compilación desordenada de opiniones ajenas varias, dan una imagen de un leve e ingenuo volteriano, tocado de frivolidad aunque pretenda esconderla. Es preciso olvidar "La Cartuja de Parma" y "Rojo y negro," aunque reconozco que la teoría de la cristalización tiene su gracia.  Cuando  Henri Beyle logró  publicarlo, su librero le dijo: Su libro debe ser sagrado, porque nadie se atreve a tocarlo. Su éxíto llegó mas tarde, posterior a la fama por otras obras y novelas.

 ¡Oh,la fama! después de conseguida se publican los bocetos más torpes y los poemas más insulsos.  Quizá más tarde tampoco él estuvo satisfecho. Muchos de sus escritos quedaron sin terminar, lo que parece reflejar una inseguridad en sus propósitos y una falta de fe en la valía de su obra.

Las circunstancias influyen con fuerza en la opinión, de la que nos avergonzaríamos más tarde, y si viviéramos doscientos años  cambiaríamos de parecer muchas veces en la vida. Es probable que se nos haya concedido el olvido en la vejez para que no recordemos los errores que cometimos en  momentos pasados. Seguramente nos llevaríamos un buen disgusto y bajaría el siempre hinchado y maquillado concepto de nosotros mismos. Los que padecemos la manía de escribir lo tenemos más difícil, porque ahí queda negro sobre blanco; también las grabaciones hacen perdurar lo que a lo mejor en su momento solo fue fruto de un calentón y los políticos, que  no son ágiles conversadores, tienen que rectificar y  aclarar sus palabras.     

También he leído "Los Amnésicos"   de Geraldine Swarch, periodista y documentalista, hija de alemán y francesa que, a partir del comportamiento de cada uno de sus abuelos, analiza las posturas de consentimiento, mayor o menor, con la soráh y los crímenes nazis de los  contemporáneos de la tragedia. Desmenuza después cuidadosamente   el posterior y vergonzoso  olvido voluntario de la tragedia por  los estados, regímenes y dirigentes políticos, y la sociedad hasta finales de siglo.

 La lectura decae en  la segunda parte con su estudio sobre Italia, los Balcanes  y los otros países participantes en el conflicto . Su tesis muy enraizada en la historia de sus familias de uno y otro lado, se contamina demasiado con su personal  opinión, por cierto no del todo coherente con su búsqueda de la justicia y los derechos humanos por encima de intereses. En su análisis del comportamiento de Polonia después de la guerra, critica agriamente su postura poniendo como ejemplo de falta de  libertades  la prohibición del aborto. No entiendo que, alguien que ha hurgado en la indiferencia  e insensibilidad ante la persecución  xenófoba y criminal de los judíos, no caiga en la cuenta de la   semejanza con la aceptación del aborto.  Este crimen social, que  llega  a calificar como un derecho eliminar- "contra natura-" al débil sin voz, por  los intereses del más fuerte además autor de la vida eliminada y encargado por la ley natural de su custodia. 

 Custodia. Bella palabra cuyos sinónimos son: protección, cuidado, defensa y conservación.

  

 

























jueves, 23 de julio de 2020

¡QUÉ INVENTO!

 


Para  todo, para todo, quizá no, pero para la mayoría de las situaciones   de nuestra vida necesitamos un toque musical  que  anime,  suavice,   entusiasme o  sosiegue, y tenemos la suerte de que lo hay para cualquiera que sea nuestro  estado anímico. ¡Qué invento!
  En  ese pastoso día gris donde una o varias preocupaciones se han quedado pegajosas y ha sido  imposible  disolverlas, si damos con la música que, como un fármaco milagroso, relaja  los músculos, centra los pensamientos, ordena en fila el batallón de las ideas y, por último, aclara todo, llegaremos  donde la luz es afilada y blanca y todas las nubes  incorpóreas, transparentes. ¡Allí es muy probable que esté Mozart!
La música es superior a cualquiera de las otras bellas artes. Este sublime  don de componer música  lo tiene un muy reducido tanto por ciento de personas, un privilegiado batallón que lleva siglos dejándonos su generoso legado  de momentos felices.
 Hablo  de la gran música porque, lo mismo que no están en los museos los deliciosos garabatos del niño que descubre su capacidad de  expresarse, tampoco hay que subir al podio a los tarareos y canturreos con los que cualquier ciudadano mata el aburrimiento la tarde de un domingo lluvioso, soñando que  crea, y después machaca  inclemente nuestros pobres oídos.
 No sé en qué  voluta de nuestro  cerebro está escondido  un lugar de serenidad y sosiego, que todos deseamos y buscamos sin mapa ni brújula, y quizá sea solo el trailler de la felicidad a la que estamos destinados.  La música tiene allí un importante papel, porque  nadie podría imaginar la vida futura, que esbozamos plena de placeres para los sentidos, sin que estuviera envolvente la música como principal delicia.
 Yo creo que Dios nos regaló la música  compadecido al  ver a Adán y Eva, el día aquél, dejar el Paraíso por su torpeza, tan solos y  desvalidos cuando se cerró el portón a sus  espaldas.
 Porque la música, hasta la más ingenua y primitiva, lleva un soplo inmortal y divino que nos asciende.


martes, 21 de julio de 2020

UN DÍA FELIZ


 

Estoy oyendo las suites para chello de Bach y  nada me limpia tanto el cerebro, a los veinte minutos  me  siento  preparada para escribir.
Tras unos meses de arresto domiciliario, el hambre de campo se ha mostrado vivamente como una necesidad física, y por fin el domingo he ido al monte, a visitar a una cercana y vieja amiga: la sierra de Guadarrama.
 Algo tan tonto como sentirse en un bosque de verdad rodeada de árboles, aviva de nuevo mi optimismo.  Probar si reconozco sus nombres, observar los signos del viento y el hielo en sus ramas, sentirlos como viejos amigos inconmovibles, que guardan discretos el paso de sus  visitantes, y han estado ahí esperando que  volviéramos, sin dejar de renovar sus hojas y acunar el sueño de los pájaros.
Todo es un regalo para los sentidos, todo me parece  bonito en el campo. He visto el suelo  adornado con pequeñas piñas, humildes capullos de rosas, sobre la sedienta hierba de julio, y los líquenes estrellas muertas,  la manzanilla, ya sin pétalos, cubriendo de cadmio vivo una esquina de la pradera. Algunos  pequeños pimpollos  de un verde tierno  comestible, emprenden la vida dispuestos junto a los troncos retorcidos de los veteranos, a aguantar el  mal genio de las tormentas, la lluvia, el viento y recibir la blanda capa de la nieve.
 A veces  algún insecto resulta incómodo, es verdad que el moscardón no ha sido entrenado para agradar, pero tenemos que respetar que estamos en su casa y él tiene, como nosotros, sus costumbres y  manías. Una   mariposa de delicados tonos rubios   revoloteó insistentemente a nuestro alrededor y creí sentir que nos daba la bienvenida. Gozamos sin impedimentos del olor refrescante a pino, a  monte a eso tan antiguo y permanente olvidado en la ciudad . Y, hasta el viento tan molesto en  la calle, es aquí un aire que pasea alegre y roza todo lo que encuentra en su camino para  acariciarlo, regenerarlo e incluso, cuando se muestra un poco enfadado y amenaza con su fuerza,  limpia y renueva cuanto toca y lleva su energía a nuestros pulmones.
 La compañía era estupenda y eso elevaba la belleza del bosque, que absorbe  y se apropia de   todo cuanto se le dedica.

sábado, 20 de junio de 2020

ALEGRÍA

 

 No sé  a como está el kilo de alegría, tampoco  en que tipo de establecimiento la venden, pero debe estar muy cara porque no percibo mucha a mi alrededor.
 Sé que la vida se empeña en regalarnos noticias desagradables y, cuando todo marcha pasablemente bien, los políticos se encargan de darnos disgustos, para eso cobran. Los políticos no lo saben, pero son en general (la excepción valida la regla) gente mediocre  con necesidad compulsiva de hacerse los importantes, por eso se han presentado a las elecciones, y  más veces que arreglan problemas, los crean. Sí, sí, porque cuando hay un vacío de asuntos urgentes  sienten la necesidad de tomar decisiones.  Eso es lo malo. "A ver, tenemos que hacer algo para que se note que estamos aquí" y en el consejo de ministros /as/es  se  plantean distintas sugerencias: "Podíamos decretar que  se pinten los perros de distintos colores para que se distingan las razas, porque yo  me confundo y es peligroso" dice el  de industria. No, no. Instrúyete que eres muy torpe (no es del partido) -tercia el responsable de Cultura- es urgente una intervención en los museos.  El arte es del pueblo y hay que acercarlo al pueblo. Llevaría Las Meninas a  Laredo y en  La Mancha  manchega que  hay mucho vino, mucho pan, mucho aceite mucho tocino,  y anda vente que el queso es excelente, apreciarían a Luis Egidio Melendez y sus bodegones;  Sorolla lo llevamos a Nombela  tan alejada del mar que... interrumpe el de Hacienda: Creo que lo verdaderamente necesario ... y me niego a transcribir lo que propone porque no quiero amargar la tarde a nadie.
 Los políticos no valen para mucho por eso son políticos.  Al niño que a los cuatro años ya ha provocado una explosión mezclando  productos caseros, lo veremos tras el microscopio; como el que  observaba horas  a las hormigas; aquél que hacía caricaturas de los profesores, será pintor;  el que tenía asombrado al profesor de música con su oído absoluto,  va al conservatorio  elige instrumento y sí, dará la tabarra durante un tiempo a sus vecinos, pero después se coloca en la Filarmónica de Londres y nos deleita en las tardes lluviosas. Si  tiene buena voz  ensaya el "Nessun dorma" y a la hora de la siesta  consigue su propósito.
 Pues me he perdido y no sé bien de que estaba escribiendo hoy. ¡Ah  de la alegría! Pues eso que para conservarla es conveniente no oír,  leer, ni ver mucho a los políticos, procurar intercalar chistes cada vez que se oye al presidente  de turno que, con lenguaje robótico, suelta  lo que le ha escrito "el sombrío".  "El sombrío" es el más importante,  no sale pero dice  qué hay qué hacer y decir, y no quiere políticos que añadan o resten frases a sus discursos, porque puede ser señal de que aún piensan. Sí le gusta que sepan abrir una amplia sonrisa cuando no hay nada de que reírse.
 Quizá exagero; hablo mal de los políticos porque de algo hay que escribir y es tema que gusta  a todo el mundo menos a la madre del político. Además  no ofendo a mis difuntos antepasados,  (estaría muy feo) me precede un plantel  de profesionales:  militares, abogados, médicos,  señorita del servicio doméstico, empresario chocolatero y otro de sardinas en lata, pero puedo decir con la cabeza bien alta que no hay en tres generaciones  ni un solo político.

lunes, 1 de junio de 2020

LA PÉRDIDA

En este mundo  neurótico que nos rodea hay una tendencia a llamar depresión a cualquier estado de ánimo no normal, o mejor no habitual. "Estoy depre" se dice por cualquier nadería. Porque sí es normal sentir tristeza,  frustración, desengaño, nostalgia, duelo, fracaso, culpa, y cualquiera de ellos causa ese estado indefinible de no estar a gusto con la vida.
Ante la trágica presencia  de la enfermedad o la muerte de un ser querido, una grave carencia económica, la separación de la pareja, el paro,  u otros mil problemas y situaciones difíciles que, el rodar de los días nos regala, lo patológico sería  no estar conmocionado.
Lo enfermizo es que, sin nada que parezca justificarlo,   nace una incomodidad que no  permite abstraerse en cualquier actividad. La  falta de atención hace imposible la lectura o el trabajo intelectual, y todas las aptitudes están trastocadas con  la obsesión de ESE problema presentido, deformado  o acrecentado por el miedo. Sin  herramienta a mano para darle solución, el pensamiento se aparta de todo otro asunto, necesidad o placer. Todo se aparca; y se pone obsesivamente  en primer plano el problema que, como un gas se expande y ocupa todos los  compartimentos de la vida, hasta hacerla asfixiante.
 Definen los psiquiatras la depresión  como "sentimiento de pérdida"  y por ello es  tan frecuente en la ancianidad, cuando la mirada a los años pasados los ve sembrados de pérdidas: familiares fallecidos,  disminución continua de capacidades físicas y mentales, deterioro de la belleza corporal, estrechez económica, etcétera. Pero todos sufrimos un cierto estado depresivo congénito; desde la expulsión del Paraíso el  ser humano arrastra esa carencia de patria, esa pérdida de una felicidad  a la  que estaba predestinado. Aletea en el  rincón más hondo de su alma, una  dolorosa nostalgia de un luminoso mundo no vivido.
 Como no  entiendo nada de Neurología, Psiquiatría ni Psicología, desconozco qué condición especial tienen las personas que nunca se sienten deprimidas y reaccionan ante las adversidades con la rabia, la actividad o  un optimismo incluso excesivo para la situación. Seguro que, la química cerebral, la educación, las creencias religiosas o las experiencias vitales, les condicionan para esta reacción activa,  aunque no siempre resolutiva,  llena de potencia y de vida.
 En estos  momentos con la llegada de una pandemia mundial, que ha causado pérdidas de gran calibre y  trastocado todos los ritmos de vida habituales, incluso a los más reacios a la depresión nos ha causado un estado de baja y desconcierto. Los  activos, los creativos, los artistas, los solidarios,   aportan sus cualidades e inventan actividades, canciones, chistes, ingeniosas maneras de comunicar alegría, formas de ayudar, y nos han hecho las horas más cortas.
Pero dicen los psicólogos que el sueño, la memoria y algunas capacidades cognitivas se han visto mermadas; y no solo por situación personal, sino también por un sentimiento de  grupo,  ante  la cercanía de la muerte y la limitación  de libertades en el  encierro, que contagió  una angustiosa sensación de pérdida.

viernes, 22 de mayo de 2020

¡CÓMO DUELE!

 

No he escrito nada en este Blog durante el mes de abril.
Tiempo me  ha sobrado para cavilar profundamente durante el confinamiento obligatorio, pero la obsesión por los múltiples problemas que provocaba  el covid 19 (llamémosle por su aséptico nombre científico) no dejaba mucho espacio a otros temas. No era posible dejar  de pensar en  las complicadas situaciones en que se desarrolla la vida de algunos seres humanos en el mundo, la pandemia ha resaltado gravemente muchas de ellas. El paro, el hambre las dificultades para  una igualitaria y justa  educación de los niños,  la imposibilidad de un buen desarrollo sanitario, que ha hecho de los profesionales  auténticos mártires, la cruel carencia afectiva a la que se ha sometido a los ancianos, hasta la muerte en soledad, la siniestra abundancia de cadáveres, la ausencia de funerales ni duelo.
¡Cómo no pensar! hemos pensado obsesivamente hasta sentir el dolor en nuestra carne.
 Ahora no es que el virus haya sido vencido, eso solo se logra con una vacuna que tardará mucho en su elaboración y distribución, o con un medicamento eficaz y barato. Los laboratorios científicos echan humo con un trabajo sin descanso, pero ni los más optimistas piensan en algo efectivo antes de marzo del 21.
 Se ha vuelto a la calle con protección y las precauciones de distancia, obligados por el miedo a dar entrada al peligroso virus del hambre, que ya mostraba su rostro.  Comenzamos a ver en los países más desfavorecidos, que  las consecuencias de esta peste serán horribles.
 Quedará marcado en la historia este  siniestro juego de dolor y muerte, que vino a burlarse del mundo en tiempos de una aceptable prosperidad, una casi conseguida  paz mundial, vigente la declaración universal de los derechos humanos, con un apetecido  bienestar social, logrado en los países más ricos.
 Como una blanca flor en el vertedero, han proliferado los actos de  fraternidad; son muchos los que  han aportado su capacidad, arte,  ingenio, dinero, humor, servicio, fuerza, para ayudar a las personas cercanas o lejanas a superar sus problemas o a tener unas horas más agradables. 
 Y  surgen las preguntas ¿cuándo terminará?, ¿ qué nuevo  estilo de vida va a instalarse para evitar la propagación del virus? sabemos que  se impondrá  la helada relación social británica. Bares, museos, conciertos, actos religiosos, limitarán su aforo para guardar la precaución sanitaria, todo perderá el encanto de la reunión.
Somos grupo nos sentimos "yo" junto a los otros; forzosamente esta epidemia tendrá consecuencias psicológicas en nuestra   nueva vida.

sábado, 21 de marzo de 2020

DIOS



DIOS NO ES PALABRA DE MODA

El tema de Dios lleva desde que el hombre es  un ser intelectual, ocupando sus horas de pensamiento. A favor o en contra  de su existencia, los grandes filósofos y pensadores no dejan de expresar sus opiniones y argumentos.  Nada debería ser más importante para el ser humano que saber quién nos puso aquí y quién es el autor del universo, pero estas no son hoy  conversaciones muy frecuentes, porque  hay que usar la palabra Dios y la palabra Dios  no está de moda.
El hombre ajetreado de la calle no tiene tiempo para esto. La mayoría de las personas en el mundo de la civilización occidental viven bien, ocupados por el trabajo, comen y beben cuando lo desean,  tienen innumerables ofertas de entretenimiento,  cualquier distancia es salvable, viajan a países lejanos con sofisticadas propuestas de ocio y deporte; los problemas económicos o los causados por relaciones familiares, sociales y de pareja son el único escollo.  Los divorcios son cada día más rápidos y fáciles de conseguir,  los tribunales se inclinan  casi siempre al trabajador,y el grupo social al que me dirijo sabe sacudirse con habilidad los problemas.
  Con un clik se solventan asuntos que antes requerían horas  de gestión. La información cultural, médica, política y social está en el archivo del móvil. Y en este mundo, que ha llegado rápidamente a unos avances científicos y tecnológicos espectaculares, las personas se sienten protegidas y despreocupadas. Por ello se intenta vivir para sentir, solo sentir,  hoy  no se piensa mucho.   "No le des vueltas a la cabeza- te dicen-piensas demasiado." Yo creo que nunca se piensa demasiado.
 En este entorno  superficial, fácil, solo  la muerte y los embates de la naturaleza  irrumpen bruscamente en la monótona vida y descolocan proyectos y seguridades.
 Ahora, la imprevista llegada  desde China de un  desconocido virus, está trastocando la vida de todos los ciudadanos de casi todos los países.
 Es un virus cuya característica es su rápida transmisión, con aparente comportamiento leve, como un pequeño catarro,  oculta los síntomas en los transmisores, lo que le da una cualidad fantasmal. Se ensaña especialmente con los ancianos y las personas debilitadas por patologías anteriores. Provoca una  neumonía extraña y letal, que destruye rápidamente  el tejido pulmonar. El contagio es de difícil reconocimiento, ya que los jóvenes y los niños no lo padecen pero pueden ser portadores, y algunos adultos lo sufren muy levemente, casi sin síntomas, pero siguen  unos quince días pudiendo ser vectores de transmisión.  Se desconoce su capacidad de  inmunidad para los que la padecen...
En fin, no quiero que sea una descripción médica de esta desconocida y feroz enfermedad que se ha convertido en una pandemia mundial.
La única solución para evitar el contagio es el aislamiento de las personas, la prohibición de todo gesto de amor o amistad:  besos, abrazos ni siquiera el apretón de manos, la distancia exigida es metro y medio entre dos personas.
 Ahora las autoridades, ante  la evidente gravedad de la pandemia, están tomando drásticas medidas de recortes de  las libertades individuales, tarde y arrastro. Hay que permanecer en casa. Ni restaurantes ni bares ni teatros ni museos ni cines ni salas de fiesta ni espectáculos deportivos. Cerradas  todo tipo de reuniones: culturales, educativas, sociales, turísticas, lúdicas, deportivas y religiosas.
 En dos meses, desde que empezó la epidemia en China, la bien construida sociedad humana, satisfecha del alto grado de comodidad, se ha desmoronado y los ciudadanos  sobreviven aislados en sus viviendas.
 Este ser humano pedante, seguro de sí mismo, que ha crecido  creyendo que puede ser un superhombre, un pequeño dios, inmerso en las seguridades del estado de bienestar, ha quedado desconcertado mostrando su debilidad, su incapacidad, su imprevisión, su indigencia.
El brillante servicio sanitario del que nos sentíamos orgullosos, está colapsado, los profesionales no dan a basto, los recursos y los materiales no son suficientes. Y además de los infectados de corona virus, los enfermos de otras patologías, que necesitan periódicas estancias hospitalarias, no pueden ser debidamente atendidos. El virus se ha cebado en las residencias de mayores y los ancianos han fallecido solos, ya que a los familiares les estaba prohibido el acceso para evitar el contagio. Y hasta los cementerios muestran su incapacidad, ha sido necesario habilitar espacios dedicados al deporte del hielo para instalar morgues donde depositar los cadáveres hasta su enterramiento o incineración  Es la horrible cara de la peste.
 Solo Dios  puede sacarnos de esto, y la iglesia católica en España retransmite misas, adoración eucarística, ángelus, rosarios y otras devociones, para pedirle ayuda. Y de pronto la palabra Dios empieza a ponerse de moda.

sábado, 1 de febrero de 2020



  DESUNIDOS

Me entristece comprobar que hay un retorno a los peligrosos nacionalismos, aunque en principio 
esta ruptura se debe a la incapacidad de un político inepto. Me refiero claro está al llamado Brexit; ayer  se hizo efectiva.la separaciónn de el reino Unido de la Gran Bretaña con la Unión Europea.
Espero que la historia les pague como se merecen todos los nacionalismos: con un buen desastre económico por lo menos y una bajada a los infiernos de su prestigio, y lo siento por el 48% que quería seguir unidos.
 Hay países que se instalan sobre una imaginaria columna  intentando convencer de su superioridad, pero los países, como las personas, solo son grandes cuando crean cosas unidos a otros por una buena causa, aún sufriendo por ello alguna pérdida.
Lo que me gusta de la democracia es la libertad de defensa de lo erróneo:el derecho a equivocarse; así como la posibilidad de que los más lúcidos, honrados, sensatos e inteligentes tengan tribunas para tratar de convencer al electorado. Pero en estos últimos años comprobamos que existe un sector del pueblo atraído por los necios chillones y descarados. 
Es el caso de Trump, un individuo sin maneras, vulgar, descarado, eso sí muy atado a los supuestos intereses de los EEUU, aunque yo pienso que con mirada demasiado corta que de vez en cuando le ha hecho rectificar. En el  mismo estilo Boris Johnson...
Ha sido inevitable estoy comentando la política.





¿Estás seguro de que deseas borr Suga

martes, 21 de enero de 2020



VEINTE,VEINTE

Te distraes un poco y, cuando quieres darte cuenta, estás en otro año. 2020, menos mal que es bonito  de cara: veinte veinte queda estéticamente redondo.   Y entramos en el nuevo año con el país gobernado por una coalición lejana a lo que votaron los españoles y la amenaza del comunismo detrás de la sibilina figura de Iglesias, reptante simulador, que habla con énfasis de cosas en las que no cree del todo...
¡ Que no, que no voy a hablar de política!
 Me preocupa este país donde se ha puesto de moda la libertad de pensamiento entre los más jóvenes, siempre han sido ellos los más partidarios de las libertades, el problema es que la misma vida te da un palo en la cabeza y te hunde en el pesimismo cuando te manda a ti o a alguien cercano la comprobación, casi siempre desagradable, de que somos más bien esclavos de la naturaleza, la circunstancia, la maldad de los otros y hasta de nuestros propios defectos. Osea, todas esas supuestas libertades esa capacidad de controlar tu vida, tu futuro, solo con el deseo, es casi siempre una fallida ensoñación. El sino y el destino  eran antiguas palabras que describían al hombre sometido a un camino diseñado por alguien de antemano, la mala suerte es evidente en algunas personas acosadas por la enfermedad, los accidentes y las desgracias de todo tipo y la casualidad  parece manejada  por un personaje con un siniestro sentido del humor cuando, a tres kilómetros de una explosión una plancha de metal cae sobre tu vivienda  causándote la muerte.
 Hoy parece que nadie quiere sentirse controlado por nada, dejan al parecer pasivos, que los políticos ansíen más que nunca imponer sus criterios y sus ideologías. Estos vaivenes contradictorios nos dejan desconcertados.
 Desde la economía los agoreros anuncian una crisis.  Pero unos cuantos, que las estadísticas aseguran que cada vez somos menos, confiamos en Dios, nos ponemos en sus manos y esperamos  porque así se lo pedimos, que ablande la dureza de los corazones y no deje que este sea un siglo  malvado y destructivo,  como lo fue el anterior.