martes, 21 de julio de 2020

UN DÍA FELIZ


 

Estoy oyendo las suites para chello de Bach y  nada me limpia tanto el cerebro, a los veinte minutos  me  siento  preparada para escribir.
Tras unos meses de arresto domiciliario, el hambre de campo se ha mostrado vivamente como una necesidad física, y por fin el domingo he ido al monte, a visitar a una cercana y vieja amiga: la sierra de Guadarrama.
 Algo tan tonto como sentirse en un bosque de verdad rodeada de árboles, aviva de nuevo mi optimismo.  Probar si reconozco sus nombres, observar los signos del viento y el hielo en sus ramas, sentirlos como viejos amigos inconmovibles, que guardan discretos el paso de sus  visitantes, y han estado ahí esperando que  volviéramos, sin dejar de renovar sus hojas y acunar el sueño de los pájaros.
Todo es un regalo para los sentidos, todo me parece  bonito en el campo. He visto el suelo  adornado con pequeñas piñas, humildes capullos de rosas, sobre la sedienta hierba de julio, y los líquenes estrellas muertas,  la manzanilla, ya sin pétalos, cubriendo de cadmio vivo una esquina de la pradera. Algunos  pequeños pimpollos  de un verde tierno  comestible, emprenden la vida dispuestos junto a los troncos retorcidos de los veteranos, a aguantar el  mal genio de las tormentas, la lluvia, el viento y recibir la blanda capa de la nieve.
 A veces  algún insecto resulta incómodo, es verdad que el moscardón no ha sido entrenado para agradar, pero tenemos que respetar que estamos en su casa y él tiene, como nosotros, sus costumbres y  manías. Una   mariposa de delicados tonos rubios   revoloteó insistentemente a nuestro alrededor y creí sentir que nos daba la bienvenida. Gozamos sin impedimentos del olor refrescante a pino, a  monte a eso tan antiguo y permanente olvidado en la ciudad . Y, hasta el viento tan molesto en  la calle, es aquí un aire que pasea alegre y roza todo lo que encuentra en su camino para  acariciarlo, regenerarlo e incluso, cuando se muestra un poco enfadado y amenaza con su fuerza,  limpia y renueva cuanto toca y lleva su energía a nuestros pulmones.
 La compañía era estupenda y eso elevaba la belleza del bosque, que absorbe  y se apropia de   todo cuanto se le dedica.

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