jueves, 17 de septiembre de 2020

LEER

¿Por qué o para qué leemos?   Me refiero a ficción, porque el estudiante lee para aprobar la asignatura y el abogado se mete ochenta folios, entre pecho y espalda, para enterarse  del caso judicial. 

La mayoría de los lectores lo hacemos para distraernos, para  alejarnos de la monotonía del  día a día,  y son muchos los que leen para escapar de la propia vida  estrecha y agobiante. Los niños  necesitan  cuentos mágicos   que les hagan soñar con   una vida futura llena de maravillas,  disfrutan con  aventuras donde siempre se identifican con los campeones. Leemos para  envidiar hazañas que soñamos  poner en práctica un día,  viajes que quisiéramos llevar a  cabo algún verano, para conocer costumbres de mundos  distintos,  para  admirar  heroísmos irrealizables con nuestras capacidades... 

 Para mí nada tan interesante como explorar las causas y las razones del comportamiento humano, los porqués para actuar en determinadas ocasiones; la decisión trascendental de un personaje  me sugiere todo tipo de variantes  en las mismas circunstancias. Es un placer recorrer con la lectura las complicadas volutas del cerebro humano, las acciones que llevan al éxito o al fracaso, al bien o al mal. Leer, leer siempre: para ampliar nuestros conocimientos, para ejercitar  el espíritu critico con los personajes históricos que se nos describen. Leer nos enseña a juzgar, a distinguir el bien del mal y colabora en la tarea de hacernos   madurar como personas.

En el tiempo de confinamiento por la pandemia los libros han sido un refugio templado y acogedor para mi  desolación. Es verdad que la televisión y los medios audiovisuales también ayudan a introducirse en vidas ajenas y olvidar los problemas propios, al fin y al cabo las películas y series se construyen sobre los cimientos de una primera historia. En el cine se nos da todo bien masticado, en la  lectura el trabajo mental es mayor, el lector dibuja el paisaje, hace correr los ríos, colorea las flores, fija el rostro   del protagonista que el escritor boceta, se identifica con el personaje más afín a él, comparte sus sentimientos de  placer, terror,  piedad y  odio;   y  siente el  calor y el frío descritos con habilidad por el autor. Cuando después de haber leído muchas veces una novela que nos apasiona, la vemos en película, es difícil que todo esté a nuestro gusto: imaginábamos más guapa a la chica, o  el joven pretendiente del que nos enamoramos,   nos parece en la película  alguien al que nos sería difícil amar en carne y hueso. 

El lector termina y perfila la narración, una novela se escribe entre el autor y sus lectores. Se ha dicho ya muchas veces, no me atribuyo nada.

 

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