miércoles, 12 de agosto de 2020

CALORES Y LECTURAS

 Día doce ya , aún en la canícula,  supervivientes a los ardores y sudores de las temperaturas africanas aderezadas con un espolvoreado de covid en  noticias, opiniones, críticas y previsiones apocalípticas.  

Pero no,  del tiempo no voy a escribir y de pandemia tampoco. He leído bastante  gracias a esta  reclusión y eso espabila mucho las ideas e invita a desahogarse en el teclado. Sin recordar ya  mi primera lectura, que ni siquiera recuerdo si fue completa, me he puesto con "Del Amor" de Sthendal y he sufrido una decepcionante impresión. Esta extraña  personalidad que se transparenta en este, no sé si llamarlo ensayo, boceto, diario o compilación desordenada de opiniones ajenas varias, dan una imagen de un leve e ingenuo volteriano, tocado de frivolidad aunque pretenda esconderla. Es preciso olvidar "La Cartuja de Parma" y "Rojo y negro," aunque reconozco que la teoría de la cristalización tiene su gracia.  Cuando  Henri Beyle logró  publicarlo, su librero le dijo: Su libro debe ser sagrado, porque nadie se atreve a tocarlo. Su éxíto llegó mas tarde, posterior a la fama por otras obras y novelas.

 ¡Oh,la fama! después de conseguida se publican los bocetos más torpes y los poemas más insulsos.  Quizá más tarde tampoco él estuvo satisfecho. Muchos de sus escritos quedaron sin terminar, lo que parece reflejar una inseguridad en sus propósitos y una falta de fe en la valía de su obra.

Las circunstancias influyen con fuerza en la opinión, de la que nos avergonzaríamos más tarde, y si viviéramos doscientos años  cambiaríamos de parecer muchas veces en la vida. Es probable que se nos haya concedido el olvido en la vejez para que no recordemos los errores que cometimos en  momentos pasados. Seguramente nos llevaríamos un buen disgusto y bajaría el siempre hinchado y maquillado concepto de nosotros mismos. Los que padecemos la manía de escribir lo tenemos más difícil, porque ahí queda negro sobre blanco; también las grabaciones hacen perdurar lo que a lo mejor en su momento solo fue fruto de un calentón y los políticos, que  no son ágiles conversadores, tienen que rectificar y  aclarar sus palabras.     

También he leído "Los Amnésicos"   de Geraldine Swarch, periodista y documentalista, hija de alemán y francesa que, a partir del comportamiento de cada uno de sus abuelos, analiza las posturas de consentimiento, mayor o menor, con la soráh y los crímenes nazis de los  contemporáneos de la tragedia. Desmenuza después cuidadosamente   el posterior y vergonzoso  olvido voluntario de la tragedia por  los estados, regímenes y dirigentes políticos, y la sociedad hasta finales de siglo.

 La lectura decae en  la segunda parte con su estudio sobre Italia, los Balcanes  y los otros países participantes en el conflicto . Su tesis muy enraizada en la historia de sus familias de uno y otro lado, se contamina demasiado con su personal  opinión, por cierto no del todo coherente con su búsqueda de la justicia y los derechos humanos por encima de intereses. En su análisis del comportamiento de Polonia después de la guerra, critica agriamente su postura poniendo como ejemplo de falta de  libertades  la prohibición del aborto. No entiendo que, alguien que ha hurgado en la indiferencia  e insensibilidad ante la persecución  xenófoba y criminal de los judíos, no caiga en la cuenta de la   semejanza con la aceptación del aborto.  Este crimen social, que  llega  a calificar como un derecho eliminar- "contra natura-" al débil sin voz, por  los intereses del más fuerte además autor de la vida eliminada y encargado por la ley natural de su custodia. 

 Custodia. Bella palabra cuyos sinónimos son: protección, cuidado, defensa y conservación.

  

 

























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