Menudo atrevimiento nombrar esta palabra en el mundo de hoy, sometidos a una férrea censura, con imposición totalitaria de algunos, que nos retrotrae a tiempos dictatoriales.
El que analiza, sólo con la razón, este problema llega fácilmente a la conclusión de que el aborto provocado es un acto repugnante, que la sociedad admite, como admitió el menosprecio de la mujer, la trata de blancas, el tráfico de esclavos, y la penalización de la homosexualidad con inventadas razones, y negando siempre a la víctima categoría o dignidad humana, como se le niega al embrión su humanidad considerándolo parte del cuerpo de su madre. Lo malvado es la insistencia en el derecho de una madre gestante a interrumpir la vida iniciada de su hijo. Es esta una era donde los derechos se reproducen a mayor velocidad que los indudables deberes del ser humano. Las mujeres deben tener conocimiento temprano de lo que es un acto sexual y sus consecuencias. La mujer es fértil pocos días al mes, solo dos de ellos son elegidos, mediante test de ovulación, por las parejas que están intentando el embarazo.
Toda la casuística recogida puede actuar como acto comprensible de error humano, pero no convence de su necesidad. Uno de los más graves es la enfermedad o peligro para el embarazo, la mujer responsable debe de impedir la posibilidad de engendrar; la solución no es el aborto que tiene graves riesgos y efectos secundarios, como toda operación quirúrgica: hemorragias, infección, infertilidad, depresión, y hasta muerte.
Cuando un aborto se produce de forma espontánea, todos coinciden en que es una lástima la pérdida del embrión. Es frecuente que, con un par de semanas de conocimiento del embarazo, los padres ya están pensando en un nombre y en una acogedora habitación. Porque un embrión no forma parte del cuerpo de la madre. Es un huésped al que se ha dado alojamiento y se está formando como persona, por eso lo primero se piensa en ponerle un nombre.
No es mi intención meterme en la moral, ni en los sentimientos y creencias religiosas que lo consideran un acto cercano al crimen. Quiero presentar al aborto en su absurda cualidad de innecesario, peligroso para la salud, enemigo de la naturaleza, excesivo como anti reproductor, y claramente evitable en un mundo lleno de condones, DIUs, píldoras para antes y después, intervenciones y otras formas anticonceptivas. El respeto excesivo al "me apetece y lo quiero ahora", se ha instalado en nuestra sociedad, es culpable de muchos errores cometidos con irresponsabilidad manifiesta. Ser madre sin pareja, o a los sesenta años, o con óvulos donados, concede libertades a la mujer, la desata del sometimiento sufrido, pero a ello se contrapone la permisividad del aborto, que usa el cuerpo de la mujer para el placer sexual, cosificándola como una simple herramienta.
La prueba de madurez de un adulto es su capacidad de autodominio para retrasar los deseos y los impulsos, según la oportunidad y la circunstancia, midiendo sensatamente las consecuencias de cada uno de sus actos. Si la ira me pide tirar cualquier objeto por la ventana, es posible que mate o dañe a un inocente transeúnte, que nada tiene que ver con mis preocupaciones; si rompo un espejo puede que yo misma quede lesionada.
Cualquier acto humano requiere un espacio de reflexión previo, porque puede tener graves consecuencias hasta freír unas patatas .