Cogito ergo sum. Pienso luego
existo.
Pensar es el mas alto don que
la naturaleza, el creador, Dios para mí, nos ha concedido a los seres humanos.
A pensar y a meditar, que es lo
mismo, han dedicado muchas horas de su vida los sabios y los santos, que
deben ser nuestro ejemplo y guía.
Pensar es necesario para
toda decisión humana, desde hacer una comida, comprar unos zapatos o elegir
pareja para convivir, se precisa un previo y escalonado ejercicio de
observación, análisis, critica, desde nuestra jerarquía de
valores, para priorizar, discernir, decidir y elegir. Así lo hacemos. Sin
embargo demasiada gente tiende a actuar sobre un patrón al que seguir,
con las máximas seguridades de acierto y solución a corto plazo, y pensar lo menos
posible. Ejemplo: es moda, lo tienen o lo hacen todos, se ha hecho
así toda la vida, me apetece, me cae bien, lo ha dicho X, (político, periodista, presentador, o charlatán de
turno).
Todos recibimos desde niños unos principios, unas normas, como pilares de nuestra educación, sobre ellas se teje una red de
teorías, opiniones y costumbres que dirige nuestro
comportamiento. Creo que este entramado necesita, en muchos aspectos, ser revisado para
hacerlo conscientemente nuestro. Pretender que nada cambie, seguir toda la
vida laxamente aferrados a unas cómodas costumbres predeterminadas, es negarse
a la libertad y al pensamiento individual. Llega una edad en la que
la madurez exige cuestionar lo recibido. Años después es seguro que
rectificaremos algunos puntos, y volveremos a los rechazados, pero nuestra
libertad de pensamiento nos exige este análisis y juicio continuo para trazar
un camino nuestro, con las propias ideas como base. Es de sabio saber cambiar de opinión.
Algunas personas en su primera juventud, confían demasiado en su propio juicio, aún inmaduro, rechazan lo adquirido en su educación y cometen graves errores en su vida. Pero tan grave como esto es actuar, e incluso creer, sobre un guión redactado por otros, y suponer que es inútil, en los grandes temas cuya solución no está a su alcance, pensar sobre ellos.
Pensar es hoy un trabajo complicado para la mayoría de las personas, por eso dejan las opiniones en manos de otros, renunciando al derecho a cuestionarse todo aquello que alguien quiere imponerles. Sea en materia religiosa, política, social, están desprotegidos ante los errores y los intereses de los demás; son masa moldeable para la propaganda política, la publicidad comercial o de los poderes que tienden a imponer su pensamiento, y un estilo de vida.
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