jueves, 10 de marzo de 2022

LA MALDAD

 Sí, ya sé que parece un título excesivo, pero nos negamos a ver  que nos rodea más o menos oculta, le ponemos nombres que la disfrazan y emborronan  y un día, cuando estalla nos damos cuenta de que la maldad convive con nosotros y nos amenaza de muerte física y espiritual. Está en la moda, está en determinadas políticas, en las convenciones sociales, en las costumbres, en el lenguaje, en la sexualidad, está en los espectáculos y la aceptamos inocentemente para ser modernos y tolerantes.

La maldad convive con nosotros salpicada en nuestras costumbres y frenada por nuestros principios morales. A veces nos sorprende, como una bofetada, encontrar en nosotros mismos un huésped no deseado, que ha sido alimentado poco a poco por nuestras pasiones y defectos. Unas personas  tienen más y otras menos, pero algunas, quizá más débiles, se dejan poseer totalmente por ella en pro de un planteamiento de vida, para  la obtención loca e irrefrenable de dinero, placer, poder o gloria.

 El siglo XX nos dejó ahítos, más que saturados, de maldad  y,  como en este caso, personalizada en individuos siniestros que causaron dos horribles guerras y la extensión de ideologías totalitarias de cuyos efectos aún nos quedan secuelas. Uno de los monstruos no quedó aplastado hasta la muerte, sobrevive disfrazado.

 Maldad.  ¿De qué otra forma podemos llamar a la invasión brutal y cruel de Ucrania por este sátrapa endiosado, ambicioso  de poder,  gloria,  ¡y dinero!  que es un buen ingrediente en cualquier acto de maldad.

No vamos a irnos a la cama con la boca seca y el ánimo bajo cero, porque por un principio de acción - reacción, cuando la maldad explota florecen en una mágica primavera, la caridad (palabra depreciada hoy que la rae define como "virtud cristiana que consiste en amar al prójimo como a uno mismo"), la solidaridad, la generosidad, la compasión, la hermandad, en fin, ejemplos del amor que reside en nosotros y crece con algún cuidado de agua y luz. 

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