Una de las mejores cosas que nos da la vida es la amistad. Wassap está lleno de sentimentaloides, cursis mini sermones, impresos sobre paisajes adorables, que se te comen el espacio del móvil, cantando el valor de la amistad. La amistad empieza en la guardería, y nunca llegamos a saber porqué un bebé se lleva mal con un compañero, le da empujones y le quita los juguetes y en cambio abraza a otro y comparte lo que come con él. No hay una aparente razón para ello, pero todos lo sabemos. La preferencia entre algunas personas nace pronto y no se termina nunca.
Parece que sobre la amistad está todo dicho y qué voy a decir yo en esta mañana de diciembre. Lo primero que se me ocurre es aclarar que amigos no se pueden tener muchos. Yo llamo amiga a esa persona irrepetible, que llega a tu vida como si estuviera preparado de antemano el encuentro.
Cuando un anciano, después de relacionarse con un amigo que conoció en el colegio, durante más de sesenta años, tiene con él discusiones o comenta sus defectos, no contradice el enorme cariño que a través de las horas compartidas, los enlaza fuertemente. Los defectos no rompen la amistad, son aceptados como parte del misterioso trato. Si es verdadera, la amistad se consolida con los años y ya no es necesaria una gran convivencia, porque perviven entrañables recuerdos que la sostienen.
La ventaja de la amistad, sobre el amor de pareja, es que ningún interés ni placer físico mueve a comenzarla y nada obliga a continuarla. Cuando pervive tantos años es por algo desconocido, que obliga a esa fidelidad gratuita.
Frecuentemente, alguna de las condiciones que se exigen a una persona para poder considerarla amiga/o, las tienen varias de las personas conocidas. Así se consigue la amiga perfecta formada con trocitos como un puzle de amistad, cada una con alguna de esas virtudes que necesitas según en qué momento. Hay un amigo para conversar, el alegre y dispuesto a la juerga, otro para desahogar las penas y descansar el alma, el que sabe escuchar, el amigo consejero y el que nos necesita. Porque además de saber egoístamente que cada una de tus amigas puede ayudarte en distintos momentos, conoces que esa relación es recíproca, y así se siente la reconfortante sensación de saberse necesitada. Oír: "nadie me consuela como tú" o "tú me quitas la depresión" o "eres la única que me comprende" es muy importante para lograr una psicología equilibrada. Hay un tipo de queja del anciano que está en soledad: "nadie me necesita." Sentirse inservible produce la peor de las soledades, -si me muero, nadie echará de menos mis croquetas, mis canciones, mis chistes, mis consejos, mis refranes-, eso es morir en vida.
Toda persona tiene algo que dar, hasta el anciano más impedido puede ser un necesario amigo, claro que si tienes un o una amiga buena, sana, activa y siempre dispuesta a ayudar, es el más precioso regalo que te ha mandado la vida, yo disfruto de más de una.
Pero tampoco hace falta demasiado para gozar de la amistad, hay sonrisas capaces de iluminar una tarde.
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