sábado, 1 de abril de 2017
UN DÍA MÁS
Hoy no es más que un día cualquiera, hace sol y se estrena la primavera...
Estos datos suelen gustar a la gente. No es la primavera la estación que más me agrada, porque tiene esa fea costumbre de vapulearte con exagerados cambios de tiempo, además está ligada en mi recuerdo de estudiante, a los esfuerzos por recuperar horas perdidas y conseguir adquirir, agobiantemente, conocimientos sobre temas, que pocas veces me resultaban interesantes. Pero abril tiene buena fama con sus aguas mil, que dejan el campo verdecito y bienoliente, brotan las flores audaces y es más largo en su luminosidad gracias al truco de adelantar la hora solar. Tomemos de él lo que de bueno nos regala.
Pero quiero fijarme en este día, estreno de mes, en cómo el tiempo se nos escapa entre los dedos. Produce algo de angustia pensarlo, conociendo que tenemos los días contados. Y no es tanto la cercanía de la desagradable "dama", sino el temor de no poder realizar aquello -sueño, trabajo, o deber-, que un día nos propusimos.
Siempre dejamos las tareas sin darle importancia "mañana lo hago" o "lo dejo para la otra semana," sin saber si tendremos otra semana. Pasa en lo mas cercano: arreglar unos papeles, llamar a un amigo, visitar a un familiar enfermo, y en cosas más importantes; conociendo que nuestro interior está pidiendo cambios urgentes y aún sabiendo que son necesarios, los dejamos para otro momento.
La continua revisión de nuestro pensar y actuar, de nuestra justicia y caridad debería ser tarea diaria, pero es más importante el funcionamiento de la caldera, el cuidado de nuestras cuentas o la preparación de las vacaciones. Y lo dejamos para después.
A mí me da miedo que, cuando ya sea tarde, me muerda en el interior la carencia de aquello que pude hacer y lo dejé para otro día que nunca llegó.
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