lunes, 11 de diciembre de 2023

HAMBRE

 

HAMBRE

 Estamos ya en tiempo navideño y estremece pensar en aquellas  familias con niños  que no tienen posibilidad de alimentarlos debidamente; pienso que debe ser muy triste para una madre oír a sus hijos pedir comida, y no tener qué darles. Las personas que pasan hambre en su niñez arrastrarán durante su vida deficiencias debidas a esta carencia en su niñez del alimento equilibrado, con proteínas, vitaminas y nutrientes necesarios para su desarrollo, saber que por la situación económica ellos tendrán dificultades físicas y psíquicas en su vida adulta, me llena de una lejana culpabilidad.

 El  hambre es una plaga  terrible que se extiende por todos los continentes y la sufren  millones de víctimas. No percibimos grandes esfuerzos realizados por las grandes potencias económicas, que podrían solucionarlo con verdadero interés y mejores programas  de cooperación internacional.

 Paralelamente, en determinadas fechas comprobamos la paradoja de otro tipo de hambre contagiosa, que se apodera de  las personas después de una estudiada campaña generalizada de marketing: el hambre de consumir, comprar sin medida, a lo loco, desenfrenadamente. Comienza con el traspaso a España de una costumbre americana en fecha cercana a la celebración del Independence Day, y se extiende cada año más anticipadamente por los primeros día de Diciembre. He visto a la muchedumbre abarrotar  las calles excitada con sus compras, los más ingenuos lo cuentan entusiasmados a los reporteros.

Comprar, comprar, comprar: regalos, caprichos, supuestas gangas, pocas veces  objetos de gran necesidad. Se transparenta el cuidadoso manejo de este instinto loco por parte de los genios del marketing.

Desde la distancia de mi tranquilo hogar lejos del contagio de este peligroso virus, observo el fenómeno y me siento libre. Lo triste es que las víctimas desconocen que lo son.

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