LA PÁLIDA SEÑORA
Madrid, 14 de octubre, 2020
He escrito desde su visita algún tonto comentario lleno de nada, sin rozar su nombre para no escarbar en la herida, para no despertar a la pena. La muerte, esa pálida señora, ha irrumpido, una vez más en mi historia. ¿Cómo se puede seguir viviendo después de su helada visita que arranca, tan descortésmente, una parte tierna de la propia vida?
Comer, dormir, hablar, vivir… la rueda gira con brutal indiferencia. Pero poco a poco suben a la superficie y flotan desgajados los restos del naufragio. Un punzante vacío al mirar su imagen, el golpe seco de la pérdida al nombrarla. ¡Cuántas cosas envuelve en su interior un nombre querido! Paz. En sus tres letras me duele el ya imposible juego de evocar juntas bobas canciones y frases clave, de los años lejanos: La princesa triste, el vestido de la abuelita, miñoca, una lioba, brañas, pelouro, pío pío escapao, ¿quién rompió la luna?… que sólo para nosotras tenían sentido.
La muerte es solo un ráfaga afilada e indolora, que corta el hilo de la vida en un instante. ¿Y después? La pregunta martillea . ¿Dónde están todos aquellos que llenan aún, silenciosos, las páginas de la agenda y runrunean en los rincones de mi corazón?
Mi fe los sueña ingrávidos, transparentes, gráciles, desbordados por la luz del rostro de Dios, es decir: Felices.
María Nieves