miércoles, 4 de diciembre de 2019

  ¡QUÉ PESADEZ!

(26 de setiembre)
vamos a entrar en la Navidad,  antes de tiempo por influencia de EEUU y a celebrar otra  americanada: el  "Viernes negro; una frenética carrera a ver quién compra más y supuestamente más barato, y veo a los españoles/as correr respondiendo a la publicidad apabullante,   para insistir en el consumo irrazonado.
 Por otro lado, curiosamente,   nos bombardean a los sufridos contribuyentes con los mensajes de que este excesivo consumo es  causa también  del deterioro del planeta, para que nos sintamos culpables cuando alguien tosa a nuestro lado.   
Cada vez se extiende más la lengua, las tradiciones y las manías de los estadounidenses, a pesar de que en la calle EE UU  es un país poco apreciado. Es el síndrome del imperio que, impone y domina, pero es odiado por el pueblo.
 Se está celebrando en Madrid la cumbre sobre el cambio climático. Lo último que se me ocurriría es negarlo porque no tengo conocimientos sobre el tema y creo que solo los científicos pueden darnos razones para cambiar nuestros hábitos y  prevenir los que puedan dañar a las futuras generaciones. El cuidado del planeta Tierra que Dios nos ha dado como vivienda, debe ser un deber compartido y reflejado en la vida familiar. Lo que no me gusta nada es la estructura de secta pseudo religiosa y la exageración histérica  de "sus predicadores", que incluye previsiones apocalípticas, y una especie de "moral verde" para condenar a los menos creyentes o simplemente descuidados ciudadanos, por sus graves pecados en el reciclaje.  Creo que en  este mundo, visiblemente ateo, toda propuesta política o creencia social, se torna impositiva, promete paraísos y condena duramente  lo que no sea correcto desde su peculiar punto de vista, con estricta moral religiosa.
 Ahora llega a la Cumbre en catamarán,  para no contaminar en un avión, esa adolescente sueca con problemas mentales, manipulada por sus padres, espero que con buena intención para mejorar su autoestima y  que no lo sea para timarnos a todos con las desagradables regañinas histéricas de sus discursos.
Y ayer comenzó la legislatura en el Congreso de los diputados. Algo tan formal y serio como debiera ser el  juramento o promesa de la Constitución, se volvió un retrato de la fauna que se sienta en los escaños,  a la que usted y yo pagamos un sustancioso sueldo todos los meses. Se oyeron, mentiras, descalificaciones al estado, impertinencias y varias necedades; todo adecuado a la talla de cada uno. Pese a las reclamaciones de los partidos de la oposición, la presidenta de la cámara con  tono desabrido, desde la maraña de su cabellera, respondió que todo era correcto.
No estoy deprimida, pero si lo pienso creo que lo normal sería estarlo.

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