¡QUÉ PESADEZ!
(26 de setiembre)
vamos a entrar en la Navidad, antes de tiempo por influencia de EEUU y a celebrar otra americanada: el "Viernes negro; una frenética carrera a ver quién compra más y supuestamente más barato, y veo a los españoles/as correr respondiendo a la publicidad apabullante, para insistir en el consumo irrazonado.
Por otro lado, curiosamente, nos bombardean a los sufridos contribuyentes con los mensajes de que este excesivo consumo es causa también del deterioro del planeta, para que nos sintamos culpables cuando alguien tosa a nuestro lado.
Cada vez se extiende más la lengua, las tradiciones y las manías de los estadounidenses, a pesar de que en la calle EE UU es un país poco apreciado. Es el síndrome del imperio que, impone y domina, pero es odiado por el pueblo.
Se está celebrando en Madrid la cumbre sobre el cambio climático. Lo último que se me ocurriría es negarlo porque no tengo conocimientos sobre el tema y creo que solo los científicos pueden darnos razones para cambiar nuestros hábitos y prevenir los que puedan dañar a las futuras generaciones. El cuidado del planeta Tierra que Dios nos ha dado como vivienda, debe ser un deber compartido y reflejado en la vida familiar. Lo que no me gusta nada es la estructura de secta pseudo religiosa y la exageración histérica de "sus predicadores", que incluye previsiones apocalípticas, y una especie de "moral verde" para condenar a los menos creyentes o simplemente descuidados ciudadanos, por sus graves pecados en el reciclaje. Creo que en este mundo, visiblemente ateo, toda propuesta política o creencia social, se torna impositiva, promete paraísos y condena duramente lo que no sea correcto desde su peculiar punto de vista, con estricta moral religiosa.
Ahora llega a la Cumbre en catamarán, para no contaminar en un avión, esa adolescente sueca con problemas mentales, manipulada por sus padres, espero que con buena intención para mejorar su autoestima y que no lo sea para timarnos a todos con las desagradables regañinas histéricas de sus discursos.
Y ayer comenzó la legislatura en el Congreso de los diputados. Algo tan formal y serio como debiera ser el juramento o promesa de la Constitución, se volvió un retrato de la fauna que se sienta en los escaños, a la que usted y yo pagamos un sustancioso sueldo todos los meses. Se oyeron, mentiras, descalificaciones al estado, impertinencias y varias necedades; todo adecuado a la talla de cada uno. Pese a las reclamaciones de los partidos de la oposición, la presidenta de la cámara con tono desabrido, desde la maraña de su cabellera, respondió que todo era correcto.
No estoy deprimida, pero si lo pienso creo que lo normal sería estarlo.
miércoles, 4 de diciembre de 2019
jueves, 14 de noviembre de 2019
NO HABLARÉ DE POLÏTICA
Ha habido elecciones y el resultado es indicador de una sociedad variopinta y desnortada. Una equivocada coalición con un partido de tendencia comunista no augura nada bueno. Ningún candidato era carismático ni entusiasmador de las masas. Cunde el desencanto. Todos los programas intentaron demostrar que son los más buenos y desde luego políticamente correctos. Pero ante los diarios problemas que surgen en la gobernación de un estado, después se transparentan sus incapacidades y quedan al descubierto las falsedades de sus promesas electorales. Pero no voy a hablar de política.
Me preocupa mucho más que el pocas veces limpio juego político, el problema de la descristianización de Europa. Las gentes por educación y tradición cultural siguen por una especie de inercia inconsciente teniendo en el fondo unos valores cristianos. Pero no durarán mucho. Con la vertiginosa imposición en nuestras vida de las facilidades que proporciona la informática, el automóvil, cada día mejor dotado, los transportes que acercan todos los rincones del mundo, los espectaculares avances de la medicina, ¿por qué plantearse la necesidad de un Salvador?. Sin embargo la naturaleza, que muchos están dispuestos a adoptar como sustituta de la religión, se muestra como una cruel madrastra con inundaciones, huracanes, terremotos y demuestra al ser humano sus muchas debilidades y carencias. La vida se cobra con los años todas las seguridades, prepotencias y vanidades que nos inflan como globos en los años de fortaleza física y mental. Es necesario visitar los centros y residencias de ancianos los hospitales y descubrir ese submundo que la sociedad intenta ocultar o suprimir con la eutanasia porque nos deja desolados ante la descarnada evidencia de la decadencia.
miércoles, 16 de octubre de 2019
EL ENSAYO
La prevista despedida de esta vida está bien planificada, consiste en un continuo desprendimiento de algo. Primero es lo más innecesario y prescindible que apenas parece dejar huella; poco a poco se van perdiendo capacidades secundarias, algunas mermas se producen muy lentamente; el tiempo deja su huella sin que apenas las notemos en la salud o la belleza. Después de unos años, un día frente una foto o ante la necesidad de realizar un esfuerzo o habilidad no frecuentes, aparece la realidad de los deterioros. Bastante pronto la memoria de los nombres propios destroza el archivo de los que algún día presumían de conservar datos y fechas de enciclopedia y las gafas se hacen imprescindibles.
Los hombres soportan la pérdida del cabello y las mujeres luchamos en feroz batalla cada día contra unas líneas junto a la boca o bajo los párpados, que entristecen la sonrisa y apagan la vivacidad de la mirada.
Pero, aún con una buena situación mental y una cuidada forma física, otras puñaladas de la vida van dejando cicatrices en el alma con la sucesiva pérdida de familiares y amigos. Primero es, con una cierta lógica cronológica, la ausencia de los mayores: abuelos tíos y padres, después con cruel desvergüenza, la vieja calva se atreve a privarte de jóvenes o niños a los que amabas y no debían figurar en la lista de la parca; luego desaparecen los compañeros de toda una vida, de la niñez, los estudios, el trabajo, y así un continuo desfile hasta la ancianidad.
Pasan los años y llega un día en que estar, simplemente estar, parece un privilegio y te das cuenta de que todo ha sido cuidadosamente preparado como un ensayo para la gran pérdida final.
En una UVI en la desnudez total y la falta de las cosas próximas que te identificaban: ropas, anillos, cadenas, peinados, maquillajes, se tiene esta sensación de que solo te queda como prueba de que existes, el diálogo contigo mismo en la presencia de un alma que te religa a Dios - amor y te concede hasta el fin, la dignidad de persona.
La prevista despedida de esta vida está bien planificada, consiste en un continuo desprendimiento de algo. Primero es lo más innecesario y prescindible que apenas parece dejar huella; poco a poco se van perdiendo capacidades secundarias, algunas mermas se producen muy lentamente; el tiempo deja su huella sin que apenas las notemos en la salud o la belleza. Después de unos años, un día frente una foto o ante la necesidad de realizar un esfuerzo o habilidad no frecuentes, aparece la realidad de los deterioros. Bastante pronto la memoria de los nombres propios destroza el archivo de los que algún día presumían de conservar datos y fechas de enciclopedia y las gafas se hacen imprescindibles.
Los hombres soportan la pérdida del cabello y las mujeres luchamos en feroz batalla cada día contra unas líneas junto a la boca o bajo los párpados, que entristecen la sonrisa y apagan la vivacidad de la mirada.
Pero, aún con una buena situación mental y una cuidada forma física, otras puñaladas de la vida van dejando cicatrices en el alma con la sucesiva pérdida de familiares y amigos. Primero es, con una cierta lógica cronológica, la ausencia de los mayores: abuelos tíos y padres, después con cruel desvergüenza, la vieja calva se atreve a privarte de jóvenes o niños a los que amabas y no debían figurar en la lista de la parca; luego desaparecen los compañeros de toda una vida, de la niñez, los estudios, el trabajo, y así un continuo desfile hasta la ancianidad.
Pasan los años y llega un día en que estar, simplemente estar, parece un privilegio y te das cuenta de que todo ha sido cuidadosamente preparado como un ensayo para la gran pérdida final.
En una UVI en la desnudez total y la falta de las cosas próximas que te identificaban: ropas, anillos, cadenas, peinados, maquillajes, se tiene esta sensación de que solo te queda como prueba de que existes, el diálogo contigo mismo en la presencia de un alma que te religa a Dios - amor y te concede hasta el fin, la dignidad de persona.
viernes, 6 de septiembre de 2019
LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO
En un vacío Madrid de vacaciones, parecía sobrarme tiempo para el comentario habitual pero, el momento político absurdo e inaudito en los últimos años de democracia en España, me tenía algo obsesionada y, como de la abundancia del corazón habla la boca y escribe el teclado, temí lanzarme otra vez al comentario político. No quiero.
Tampoco voy a hablar del tiempo pero sí dejar constatada mi intolerancia a las temperaturas que exceden los 27 grados centígrados. En la meseta española la temperatura tiende a ascender rápidamente cuando alcanza los 25 grados y en su carrera supera los 30..
Y ya es bastante para lo que quiero decir: que he salido poco a la calle. Aquí he seguido como llevo haciéndolo desde hace varios meses, leyendo un exhaustivamente documentado libro sobre Beethoven de un compositor que incluye despiadadamente páginas de partituras para mí ilegibles y comentarios sofisticados sobre cada composición. Aún con la audacia de saltarte páginas, con riesgo de llevarte por delante alguna anécdota o dato biográfico de interés, como el tomo es de 1500, y letra de un cuerpo pequeño, nunca ves terminado este mamotreto. Cuando escucho alguna de sus composiciones acudo al libro y me empapo de detalles unas veces técnicos, otras anecdóticos sobre ellas, repletas de nombres alemanes de imposible pronunciación para mí. Confieso que ya he olvidado los datos de las primeras páginas, y estoy un poco harta del libro de Beethoven, pero sigo gustando de su preciosa y apasionada música.
La manía de los libros gordos se ha extendido peligrosamente en los últimos años debido- pienso yo- a la enorme facilidad que hoy supone escribir con la ayuda de Internet. Todo es fácil: localizar bibliografía sin llenar la estantería de tomos, conseguir y ordenar la documentación antes acumulada en las fastidiosas fichas, el hecho en sí de la redacción que se puede cambiar, posponer, guardar y borrar con un clic.
Yo amo la brevedad. Mis poesías , poemas o como haya que llamar eso que escribo, pocas veces sobrepasan a los sagrados catorce versos del soneto, que Quevedo, Góngora, Herrera, Juana Inés, escribieron, quizá por simple pereza o porque alguien inteligente dijo hace siglos que lo bueno si breve dos veces bueno, el dicho ha flotado sobre los siglos y nadie lo ha refutado seriamente hasta ahora.
(Redactada 29 de agosto)
martes, 30 de julio de 2019
PATRIA
El ser humano se caracteriza por su gran capacidad de adaptación. Aprende a vivir en los climas y las circunstancias más adversos y vencer estas dificultades le supone un reto estimulante. Es lógico preguntarse porqué algunas personas escogieron lugares tan inhóspitos para asentar su tienda; quizá venían cansados de muchos kilómetros de búsqueda y ya no tuvieron fuerza para seguir adelante.
El caso es que encontramos habitantes en los desiertos sin agua y sin vegetación, sometidos a las tormentas de arena, alejados de otros asentamientos humanos; o en las laderas de los volcanes, con la amenaza del caprichoso monstruo; o en las selvas expuestos a los ataques de los animales salvajes, o en las siempre congeladas tierras del norte. Y todos dicen amar sus patrias y preferirlas a otras.
Ningún ser humano eligió el lugar de su nacimiento. Por tanto, deducimos que el amor a la patria parece ser una cuestión de costumbre y adaptación. Donde se vive la infancia, donde los padres te cuidaron, te adiestraron para la vida y te dieron amor, donde están tus primeros recuerdos, allí es el lugar preferido de casi todos los humanos.
Más incomprensible es que, los naturales de algunos lugares, hagan de ello una especie de religión combativa, excluyente, despreciativa de los otros. Creo que estos sentimientos exacerbados no existirían sin que, un avispado grupo de"pensadores", hayan hecho del patriotismo una buena ocasión aprovechable para la consecución de poder, con fines políticos y económicos.
Partiendo-se dicen estos repugnantes manipuladores- de que todos tienen un sentimiento patriótico primario, hagamos ahora crecer irracionalmente este sentimiento. Diseñan sus programas supremacistas y totalitarios donde se cambia el lenguaje y la historia con mentiras o medias verdades, y, como algo esencial, se cultiva un resentimiento hacia el vecino, al que califican de enemigo con inventadas culpas y lo desprecian con baremos racistas.
Con mi más refinado respeto a la democracia, el pueblo en masa es manejable, le halaga que le den razones para sentirse superior, y cae en el nacionalismo extremo. Según lo bárbaro e irracional que sea este pueblo, puede llegar al odio y hasta el asesinato.
En el caso de ese país del norte de España tenemos el ejemplo de degradación y perversión de una sociedad. Un tal Sabino Arana se propuso institucionalizar el ya excesivo amor patrio de estos habitantes, algo primarios en gustos y dedicaciones. Y fundó el movimiento nacionalista. Por su maléfica influencia, la sociedad se constituyó en tres grupos y un pequeño resto:
1.- Los asesinos terroristas.- Pequeña banda engendrada en lo más irracional y radical del movimiento nacionalista separatista; individuos extremistas ajenos al raciocinio, escogidos por su falta de principios, de moral, y de piedad, partidarios de los métodos contundentes e inhumanos.
2.- Los consentidores.- Políticos, burguesía hiper católica, escritores, eclesíásticos, empresarios, y una izquierda confusa en su oposición capitalista - que consienten la maldad, cerrando sus sentidos a la repugnancia moral, porque esperan beneficios económicos, políticos, de poder, de prestigio, de lugar internacional.
3.- Los cobardes.- Estos últimos son un grupo grande de ciudadanos normales, trabajadores, honrados, que, aún sintiendo atracción por un romántico nacionalismo, tienen repulsa moral por los métodos violentos, la mentira de la historia y el odio al otro. Estos tenían el germen para haber creado un activo contra- poder al separatismo radical y asesino, era numeroso para salir a las calles, pero fueron atenazados por el miedo. No hubo impulso para formar un movimiento social de valientes, como la historia nos cuenta en otros países, que se opusieron a la maldad, con heróico riesgo de sus vidas. Hoy rumian su inoperancia con sentimiento de culpa.
4.- El pequeñísimo resto está formado por las víctimas: los vascos que murieron asesinados por mostrar su democrático desacuerdo con los matones; y los muy numerosos que decidieron huir obligados a renunciar a su querida patria.
martes, 4 de junio de 2019
SABER ELEGIR
Ahora que, tras las elecciones, los partidos políticos se enzarzan por conseguir el pacto perfecto que les lleve a la gobernación sin mancharse de mala reputación, podríamos hablar de la ambivalencia humana que perturba tantas veces nuestras decisiones.
Pero no es de política de lo que quiero escribir hoy, sino de esta época en la que el vertiginoso avance de la técnica aumenta las facilidades, pero potencia, pienso yo, nuestro comportamiento instintivo, más que ampliar nuestra actuación de máximo discernimiento.
La duda es el gran problema humano y se refleja muy especialmente en la toma de importantes decisiones. Nuestra condición ambivalente sometida al péndulo de lo que llamaremos animalidad, sin ningún tono peyorativo, y el impulso interior del ascenso, escora muchas veces nuestra manera de actuar. hacia el polo no más conveniente. Pero ¿a qué llamaremos conveniente?
He aquí el dilema. Algunos educadores, no sé si solo en mi tiempo, insistían machaconamente en que el primer paso para la formación de la personalidad sobre todo en la adolescencia, es la construcción de una escala de valores. Con este baremo la persona por educación y poco a poco por la observación inteligente de la vida, va creando su lista de inconmovibles prioridades: Los Principios fundamentales. Este es el cimiento que sostiene lo que ha de ser en el futuro el comportamiento del individuo.
En caso de ser creyentes, Dios estará en lo alto de la escala: La suprema sabiduría que se nos ha revelado y un amor hasta la cruz, que obliga a corresponder, marcan un camino. Los no creyentes se guían por los principios éticos o morales: ethos en griego, mor, moris en latín, son lo mismo: aquella conducta que las gentes "de bien" en una sociedad civilizada aprueba como norma o costumbre de vida correcta.
Sobre la base de estos principios la búsqueda de lo exactamente correcto, lo mejor en todo momento, muy especialmente en la toma de una importante decisión, es sometida al ascenso de cinco escalones.
La Observación.- Es el primer escalón al cual hasta el animal dedica un tiempo. Las personas reposadas tienen una ventaja, se fijan en todo, nada les pasa inadvertido; es muy necesaria cualidad, la rapidez o el atolondramiento son enemigos de la observación. Ante el momento de tomar una decisión sea colgar un cuadro, comprar unos zapatos, elegir pareja, profesión, trabajo o dedicación hay que observar imparcialmente cada una de las opciones que se nos presentan. Y ascendemos
El Análisis.- Dados unos presupuestos inamovibles el análisis se concreta en un menor número de propuestas: solo elijo entre los zapatos de mi número. No puedo gastarme más de X. Está pues sometido a estos impuestos forzosos y a otros que se derivan del gusto estético, la comodidad, incluso la posesión de otros semejantes. El primer paso es desechar todas las opciones que no cumplen con estas condiciones ya determinadas para disminuir el número de posibilidades. Y analizar objetivamente las cualidades de lo que se va a elegir.
El Raciocinio o Discernimiento.- El raciocinio en un ejercicio de discernimiento dice: No merece la pena tanto gasto para un solo día o no es lo que necesito o me roza un poco el dedo. Se supone que la persona que utiliza esta herramienta tiene ya construído un buen andamiaje de principios fundamentales, un baremo que la educación le ha creado: una escala de valores. A veces, una de las opciones fuerza y sobrepasa el racional análisis: tengo unos parecidos pero estos me gustan mucho, son incómodos o caros pero me he encaprichado de ellos. Que en la elección de la pareja sería: Es necia/o y frívola/o, pero me atrae mucho fisicamente.
Juicio.- Se llega al juicio poniendo a prueba en los escalones anteriores las otras cualidades: atención para observar; capacidad de análisis; ordenado raciocinio y ahora la inexorable capacidad crítica. El juicio es el malo de la película, es frío, tajante, no se le convence jamás y tiene excelente memoria para recordarte toda la vida: Nunca debiste elegir esto ...
La Elección.- Este que ya parece fácil subidos los cuatro escalones anteriores, es el momento en que se demuestra la madurez para superar las dudas que surgen de uno y otro lado interceptando la decisión. Las personas inseguras, que no han conseguido por distintas razones una personalidad fuerte, a pesar de los escalones ascendidos, no saben, no pueden elegir; no se fían de sí mismas y de su opinión y esto puede dar al traste con el laborioso proceso intelectual. Los miedos a la sociedad, al que dirán, la duda de las propias capacidades, o la dificultad para una renuncia o pérdida, exigidas por la elección, empujan hacia atrás a la persona y la imposibilitan para cerrar su decisión.
martes, 30 de abril de 2019
EL VOTO
Llevo demasiado tiempo sin escribir; estamos con la campaña electoral que obliga a hablar muchísimo discutiendo, y si se discute de política se disuelven las ideas y ya no hay agilidad mental para escribir.
La política es un tema destructivo del razonamiento, los partidos son como los equipos de fútbol y la masa de seguidores como aficionados exaltados e inhabilitados para el discernimiento. ¿Quién se ha leído el proyecto de un partido antes de votar? nadie. Ellos, los candidatos y los periodistas seguidores, se encargan de repetir hasta la hartura. e inocular en vena los eslóganes y mantras estudiados para conmover tus endurecidas entrañas de "gato escaldado."
- No voy a votar, digo y los fans se encrespan, ¡menuda irresponsabilidad! Y yo imagino a mi pobre voto perdido entre millones de papeletas, tan insignificante e incapaz...
Desde pequeña he sido un poco anarquista; no tengo muy claro para qué sirven los políticos ni los jefes. Se van una temporada o están en funciones y el país sigue rodando; porque son los curritos y las buenas personas que hacen su trabajo cada día, los que sostienen el entramado.
La democracia, esa herramienta para dar a todos derecho a opinar sobre cual es la mejor forma de hacer algo en la administración, está muy bien, pero en realidad los comicios tienen algo de tomadura de pelo.
Los candidatos son en la mayoría de los casos personas ambiciosas de poder y de nombre, figuratas, que actuan como reclamos publicitarios de grupos económicos o ideologías impositivas, que aspiran a manejar y cambiar nuestra vida, con un cierto regusto totalitario.
Si en un país hay treinta millones con derecho a voto, el que sale ganador de las elecciones por nueve o diez millones de votos, va a imponer sus ideas y sus ocurrencias a veinte millones de ciudadanos que tienen un rechazo importante a su persona. La ley d'Hont es totalmente antidemocrática, porque no da el mismo valor al voto de los residentes en una zona que al de otra, la ley electoral también injustamente, premia a los mayoritariamente votados, y no se contabiliza el voto en blanco que es la forma más elegante e inteligente de participar dejando claro que ningún candidato merece aprecio... Todo es una farsa. Nos utilizan, para su juego y sacan encuestas y sondeos que, si son acertados, le hacen a uno preguntarse para qué se molesta al sufrido contribuyente. Somos ovejas conducidas y tratadas como niños a los que se convence con una golosina para que no lloren.
domingo, 10 de marzo de 2019
OCHO DE MARZO
¿Usted ha llegado a aborrecer su plato favorito por exceso de raciones? Pues algo así me pasa a mí con el feminismo. Una mujer rebelde criada en aquella España de machismo latente, no tenía más remedio que resistirse contra determinadas posturas sociales, políticas y laborales, a no ser que estuviera en estado de coma. Pero si a usted no solo le dan ocho raciones diarias de su plato favorito, sino que se lo arrojan sobre la cabeza impregnado de ingredientes excesivos y condimentado con especias que le repugnan, seguro que no podrá evitar las náuseas.
Las calles de Madrid vibraban ¡que gusto! por los gritos de las mujeres hartas de piropos obscenos, discriminación laboral, desprecio intelectual... ¡que gusto! Pero lo hacían convocadas por un manifiesto de corte comunista, ya saben, esa ideología totalitaria, liberticida, genéticamente antidemocrática, que discrimina al que no piensa lo mismo, enemiga de posturas y símbolos religiosos, destructora de valores morales y de la economía de los más pobres, cubierta con la piel de oveja de la justicia social. Abanderaban la manifestación pancartas de mal gusto o agresivas contra el varón, mezcladas con otras reivindicaciones que nada tienen que ver con el feminismo...
Y todo envuelto en color morado, el color del partido del macho alfa. Por razones que no he llegado a conocer- quizá un psicoanalista- odio el color morado desde niña. Lo soporto en la naturaleza vencido por una presencia desbordante del verde, pero jamás me he puesto encima un vestido de ese maldito color del pendón de Castilla, y de la liturgia cuaresmal.
¡Que soy muy mayor! No me engañais, os veo venir. Una vez más utilizais a la mujer como presa ingenua, ahora defendéis nuestros derechos porque esperáis alcanzar el poder con el voto femenino, en las próximas elecciones.
Pues "a otro perro con ese hueso", mi voto no lo tendréis y espero que pasada la emoción del día ocho, con la cabeza fría, las mujeres inteligentes sepan ver el morado juego sucio.
domingo, 17 de febrero de 2019
EL CARDIÓLOGO
Mi abuelo Julián era médico, de pueblo, de los que saben de todo, de los vocacionales, de los que acaban queriendo a sus pacientes como si fueran de su familia. Apenas lo conocí, pero mi madre (su nuera) decía que era simpático y zumbón con los pacientes, su sentido del humor le servía para quitar el miedo a la muerte y para dar esperanzas de vida.
Tenía varios perros porque adoraba a los animales con esa extraña contradicción de los aficionados a la caza. Al principio iba a caballo a sus visitas a cualquier hora intempestiva, con el "amable" clima de Burgos y su provincia. Después tuvo un cochecito y llevaba el volante su hija Mili, una de las primeras mujeres de España que tuvo carnet de conducir.
Mi abuelo escribía buena poesía y en sus últimos tiempos, ya presidente del colegio de médicos de Burgos, aparecían sus artículos en periódicos y revistas. Me gusta pensar que yo heredé mucho de él: la admiración por la medicina, el sentido del humor, mi afición a escribir, el amor a los perros...
Tenía varios perros porque adoraba a los animales con esa extraña contradicción de los aficionados a la caza. Al principio iba a caballo a sus visitas a cualquier hora intempestiva, con el "amable" clima de Burgos y su provincia. Después tuvo un cochecito y llevaba el volante su hija Mili, una de las primeras mujeres de España que tuvo carnet de conducir.
Mi abuelo escribía buena poesía y en sus últimos tiempos, ya presidente del colegio de médicos de Burgos, aparecían sus artículos en periódicos y revistas. Me gusta pensar que yo heredé mucho de él: la admiración por la medicina, el sentido del humor, mi afición a escribir, el amor a los perros...
Pero todo esto ha venido a mi memoria porque hoy he ido al médico: al cardiólogo. Es un joven meticuloso, puntualísimo, maniático del dato, escrupuloso en la exploración, acertado en el diagnóstico; y antipático siempre. Nada le importa del ser humano que tiene delante y lo dice bruscamente: "Eso no viene al caso, no me interesa." Te da a entender con displicencia que lo que preguntas o insinuas es inadecuado para el tema único que le preocupa: el corazón. Y sabe mucho, porque lo estudió en los Estados Unidos, de FEVI CF II NYHA; I CCS...y más.
Pero le es lo mismo que el paciente que tiene delante sea picapedrero, o metafísico, que tenga seis hijos mal alimentados, un ser querido muriéndose, o que esté divorciándose. Si algún dolorido paciente se atreviera a comentárselo, lo mandaría al psiquiatra con tono desabrido. Desabrido dice la RAE en segunda acepción: Áspero, desapacible en el trato. Ningún adjetivo cuadra mejor a este aplicado especialista del corazón.
A él se le nota que le gusta mucho el corazón; está fascinado por esta máquina de músculo, incansable trabajadora, metódica, con su ritmo y sus impulsos de entrada y salida del flujo sanguíneo; le gusta tanto que es probable que lamente verlo metido en una persona.
He tenido varias enfermedades serias; he estado nueve meses en un sanatorio, cinco veces en quirófano, en la UCI y en la UVI, me he sometido a colonoscopias, ecografías, tacs y otras variopintas pruebas, pero nunca he ido con tantos nervios como a la revisión rutinaria de este cardiólogo. Mi preocupación es el miedo a meter la pata y que me suelte una regañina como si fuera su alumna de diez años. La tensión se dispara." El síndrome de la bata blanca" dice. Siempre se encuentra un corazón un poco acelerado y me manda hipotensores y pruebas.
Él no lo sabe, pero si un día escuchase relajado mis desacertadas preguntas, hiciera una broma por mis equivocados síntomas, y mis muy idiotas suposiciones, la tensión bajaría a 9 de máxima.
Él no lo sabe, pero si un día escuchase relajado mis desacertadas preguntas, hiciera una broma por mis equivocados síntomas, y mis muy idiotas suposiciones, la tensión bajaría a 9 de máxima.
Resulta chocante que, siendo cardiólogo, olvide en casa la cordialidad.
jueves, 17 de enero de 2019
EL BREXIT
Siempre intento no hablar de política y no porque no entienda, nada es más propio de los ciudadanos que opinar de política sin entender demasiado, sino porque me enfrenta con mi incapacidad para solucionar los problemas que los políticos ineptos nos crean. En este caso me embarco aún consciente de que a los británicos no es fácil comprenderlos. Nunca he vivido allí un tiempo ni he tenido trato personal con ellos, pero juzgando su historia por encima y sus relaciones con el resto de los países del mundo, se descubre una marcada intención de llevarse mal con todos. Desde su imperialismo visceral y una prepotente postura de superioridad, juzgan al resto de los humanos afianzados en la frase de lord Palmerston, dos veces primer ministro a mediados del siglo XIX: " Inglaterra no tiene amigos ni enemigos sino intereses."
A lo que han llegado, tras la torpeza del muy necio míster Cameron de proponer un referendo para picar a los más nacionalistas y cazurros británicos a sentirse grandes y distintos, como en su época de esplendor imperialista, es a una desconexión entre sus propios países y una muy difícil papeleta que resolver con el resto de Europa, a la cual, quieran o no quieran, tienen que pertenecer para sobrevivir. A consecuencias de ello el reino desunido de la Gran Bretaña anda dando rugidos para que nos creamos que sigue siendo aquel viejo león, hoy desdentado y raído.
Esta situación daña a España económicamente; ya que tienen aquí su residencia más de trescientos mil británicos y vienen en gran número como veraneantes y turistas y más de doscientos mil españoles estudian y trabajan en el RU.
De ello sacamos la lección de lo peligroso que resulta, en determinados momentos, convocar referendos. Al pueblo hay que preguntarle cuando está desactivado, en cuestiones no polémicas ni engarzadas a los nacionalismos o sentimientos viscerales (tomemos nota con nuestro problema del separatismo catalán), porque, con todos mis respetos a la democracia, que da indudables buenos resultados en el gobierno de los pueblos, la masa encabritada por la controversia es peligrosa enemiga de la razón y el buen juicio.
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