martes, 30 de abril de 2019
EL VOTO
Llevo demasiado tiempo sin escribir; estamos con la campaña electoral que obliga a hablar muchísimo discutiendo, y si se discute de política se disuelven las ideas y ya no hay agilidad mental para escribir.
La política es un tema destructivo del razonamiento, los partidos son como los equipos de fútbol y la masa de seguidores como aficionados exaltados e inhabilitados para el discernimiento. ¿Quién se ha leído el proyecto de un partido antes de votar? nadie. Ellos, los candidatos y los periodistas seguidores, se encargan de repetir hasta la hartura. e inocular en vena los eslóganes y mantras estudiados para conmover tus endurecidas entrañas de "gato escaldado."
- No voy a votar, digo y los fans se encrespan, ¡menuda irresponsabilidad! Y yo imagino a mi pobre voto perdido entre millones de papeletas, tan insignificante e incapaz...
Desde pequeña he sido un poco anarquista; no tengo muy claro para qué sirven los políticos ni los jefes. Se van una temporada o están en funciones y el país sigue rodando; porque son los curritos y las buenas personas que hacen su trabajo cada día, los que sostienen el entramado.
La democracia, esa herramienta para dar a todos derecho a opinar sobre cual es la mejor forma de hacer algo en la administración, está muy bien, pero en realidad los comicios tienen algo de tomadura de pelo.
Los candidatos son en la mayoría de los casos personas ambiciosas de poder y de nombre, figuratas, que actuan como reclamos publicitarios de grupos económicos o ideologías impositivas, que aspiran a manejar y cambiar nuestra vida, con un cierto regusto totalitario.
Si en un país hay treinta millones con derecho a voto, el que sale ganador de las elecciones por nueve o diez millones de votos, va a imponer sus ideas y sus ocurrencias a veinte millones de ciudadanos que tienen un rechazo importante a su persona. La ley d'Hont es totalmente antidemocrática, porque no da el mismo valor al voto de los residentes en una zona que al de otra, la ley electoral también injustamente, premia a los mayoritariamente votados, y no se contabiliza el voto en blanco que es la forma más elegante e inteligente de participar dejando claro que ningún candidato merece aprecio... Todo es una farsa. Nos utilizan, para su juego y sacan encuestas y sondeos que, si son acertados, le hacen a uno preguntarse para qué se molesta al sufrido contribuyente. Somos ovejas conducidas y tratadas como niños a los que se convence con una golosina para que no lloren.
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