viernes, 23 de febrero de 2018


FEBRERO Y LOS COJOS

Febrero mediado ya.  Es un mes que me encanta a pesar de su fama de loco y arbitrario. Y además  cojo. Yo por los cojos tengo debilidad.  En el evangelio Jesús no se olvida nunca de citarlos para referirse al necesitado de ayuda. "Cuando des un banquete no te olvides de los impedidos, los cojos..."  Supongo que era porque en las calles polvorientas y con guijarros de la Palestina  debían de tener difícil  el caminar, y las muletas no serían tan ergonómicas como ahora.
Los cojos hemos tenido  fama de tener mal humor y  se han ensañado con nosotros en chistes y obras de teatro Y no hemos tenido tantos defensores como otras incapacidades.
El andar regular y simétrico de los que poseen dos piernas en buenas condiciones nos provoca mucha envidia a los que renqueamos y retorcemos nuestra columna para desplazarnos. No es una envidia mala porque no deseamos que se estampen ni se partan una pierna, pero  es verdad que hasta hace bien poco se ignoraba  nuestra incapacidad y encontrábamos muchas dificultades para acceder a  los edificios.
 Las escaleras   les producen una especial sensación de ingenio y creatividad a  los arquitectos más incapaces. Pero es su eliminación la que sí necesita gran imaginación y conocimientos técnicos de los arquitectos que los proyectan.
 Se ha impuesto como obligatoria en todos los países civilizados , la eliminación de estas barreras arquitectónicas.  Se equivocan los que siempre  aseguran que el mundo va muy mal , hay que reconocer que estos pequeños reconocimientos al débil, al impedido, al pobre, son estupendos logros inimaginables hace un siglo.
La gente estaba acostumbrada a cargar con sus cruces: enfermedad, incapacidad, pobreza y se sentía obligada a ponerles remedio por sí misma y,  cuando no podía, arrastraba su cruel destino con  paciencia y resignación.
 Ahora el ciudadano es consciente de sus derechos, porque además, el pago de sus impuestos le da razones para exigirlos. Quizá haya una idea excesiva de que el Estado, a través del gobierno, tiene que hacerse gcargo de solucionar todos los problemas de los ciudadanos. Yo creo que  no es conveniente un "papá estado", porque "quien paga manda" y mejor no dejar en su mano demasiadas competencias. Pienso que  una sociedad completa y justa es aquella donde todos y cada uno,  se sienten responsables de actuar para mejorar la situación social de sus compatriotas. Las grandes asociaciones privadas que se dedican a la  atención al enfermo,  al impedido, al necesitado, al anciano, y se procupan de aquellas minorías que padecen enormes problemas de subsistencia, estas asociaciones repito, demuestran la fortaleza y categoría de una sociedad, y por tanto la grandeza de un país. .

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