DEMASIADO TARDE
He estado leyendo en la Biblia el libro de La Sabiduría. Escrito por un judío culto y helenizado en la segunda mitad del siglo primero antes de Cristo, es por tanto el último del Antiguo Testamento. Su definición de la sabiduría coincide con la de los libros anteriores como el don del conocimiento que emana de Dios, pero en algunos pasajes la define en sus cualidades como un ser personal, activo, con una actuación distinta del Dios Padre creador y todopoderoso, cuya figura estaba bien asimilada por el pueblo judío.
En el libro se vislumbra entre líneas la inspiración de la existencia del Espíritu Santo, que siendo y estando en Dios, tiene su propia actuación en el plan salvador. Toda la escritura del Antiguo Testamento va llevando lentamente al conocimiento de Dios; no era tarea menor dar a conocer a un pequeño pueblo elemental, algo tan dificil como la cualidad tridimensional del Dios de los cristianos: Trino y uno; tres personas unidas por el amor y con un papel distinto en la intervención de la vida de los hombres.
Los judíos esperaban al Mesías, ampliamente profetizado en Isaías, como hijo de Dios y reconocían con ello su cualidad divina. Faltaba pues esta tercera persona a la que nosotros hoy atribuímos entre sus dones la sabiduría, la inteligencia, el conocimiento.
Es extraño que, no siendo en la predicación de las iglesias, temas de este tipo no sean tratados en los discursos de los pensadores de hoy, ni esté en las conversaciones de las personas que se llaman cultas.
La religión cristiana después de unos siglos de presencia excesiva en la sociedad, ha sido apartada con brusquedad de la vida intelectual y espiritual. Hoy la gente admira la espiritualidad oriental, tan alambicada y dificil de asimilar para nuestra cultura y costumbres, y carece en absoluto de conocimiento de lo que constituye el cimiento de toda la civilización occidental. En Alemania la teología figura en las universidades con rango semejante al de cualquier otra asignatura de la filosofía, aquí, siempre radicales en nuestras posturas, decidimos apartarla para no parecer de derechas o carcas o beatos o fanáticos o qué sé yo qué inventadas etiquetas, que se colocan a las personas con inquietudes religiosas.
Pero hay que ser prácticos: nada hay más importante para todos los humanos que el porqué de nuestra existencia y la posible vida futura, y sería una irremediable desgracia enterarnos demasiado tarde.
He estado leyendo en la Biblia el libro de La Sabiduría. Escrito por un judío culto y helenizado en la segunda mitad del siglo primero antes de Cristo, es por tanto el último del Antiguo Testamento. Su definición de la sabiduría coincide con la de los libros anteriores como el don del conocimiento que emana de Dios, pero en algunos pasajes la define en sus cualidades como un ser personal, activo, con una actuación distinta del Dios Padre creador y todopoderoso, cuya figura estaba bien asimilada por el pueblo judío.
En el libro se vislumbra entre líneas la inspiración de la existencia del Espíritu Santo, que siendo y estando en Dios, tiene su propia actuación en el plan salvador. Toda la escritura del Antiguo Testamento va llevando lentamente al conocimiento de Dios; no era tarea menor dar a conocer a un pequeño pueblo elemental, algo tan dificil como la cualidad tridimensional del Dios de los cristianos: Trino y uno; tres personas unidas por el amor y con un papel distinto en la intervención de la vida de los hombres.
Los judíos esperaban al Mesías, ampliamente profetizado en Isaías, como hijo de Dios y reconocían con ello su cualidad divina. Faltaba pues esta tercera persona a la que nosotros hoy atribuímos entre sus dones la sabiduría, la inteligencia, el conocimiento.
Es extraño que, no siendo en la predicación de las iglesias, temas de este tipo no sean tratados en los discursos de los pensadores de hoy, ni esté en las conversaciones de las personas que se llaman cultas.
La religión cristiana después de unos siglos de presencia excesiva en la sociedad, ha sido apartada con brusquedad de la vida intelectual y espiritual. Hoy la gente admira la espiritualidad oriental, tan alambicada y dificil de asimilar para nuestra cultura y costumbres, y carece en absoluto de conocimiento de lo que constituye el cimiento de toda la civilización occidental. En Alemania la teología figura en las universidades con rango semejante al de cualquier otra asignatura de la filosofía, aquí, siempre radicales en nuestras posturas, decidimos apartarla para no parecer de derechas o carcas o beatos o fanáticos o qué sé yo qué inventadas etiquetas, que se colocan a las personas con inquietudes religiosas.
Pero hay que ser prácticos: nada hay más importante para todos los humanos que el porqué de nuestra existencia y la posible vida futura, y sería una irremediable desgracia enterarnos demasiado tarde.
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