miércoles, 2 de agosto de 2017
ESA RISA SINIESTRA
Me obsesiona el porqué del mal en el mundo. Es imposible razonadamente entender su causa. Es fácil comprender el mal barato derivado de los caprichos y deseos elementales de un ser animal ascendido: el hambre, el sexo, la venganza, la vanidad, el miedo... Pero hay un mal que se extiende: la destrucción de todo lo que caracteriza y define al ser humano. Parece haber un proyecto ideado por alguien no humano, que le odia.
La pareja humana nos mueve a cercanía, a ternura Toda la literatura se expande en el canto al amor de dos criaturas distintas física y psíquicamente, que se atraen, se necesitan irremediablemente y se complementan y perfeccionan entre sí. La famili, que esta pareja ha de formar más tarde, es una estampa así mismo cantada en músicas, poemas, pinturas, esculturas, porque todos tuvimos principio en ella y allí, en esos pocos años primeros reside, dicen, nuestra verdadera patria a la que volvemos, en la tristeza, el desánimo, la soledad, a cargar nuestra batería para seguir viviendo.
En esos años se dibuja una mamá atenta a nuestro cuidado, un padre ejemplo, consejero, protector, unos hermanos con los que se aprendían los valores y habilidades para vivir en sociedad, más tarde ..
¡Qué imagen tan machista y conservadora!
Había también un abuelo o abuela, que nos empujó al sueño con doradas historias, comprendió nuestros fallos ante la severidad paterna, sacó dulces de sus bolsillos para secar nuestras lágrimas. Una persona con la carne arrugada y blanda pero incondicionalmente colocada a nuestro favor.
Nadie vuelve a sentirse tan amado como lo fue en su niñez, si tuvo la suerte de gozar de unos abuelos.
Estas estampas familiares van desapareciendo lentamente: matrimonio no; solo para homosexuales; hombre-mujer no; viejos no; familia no; niños no. Los hijos son caros, molestos e incompatibles con el trabajo de la mujer, que tiene derecho a abortarlos; los que los quieren y no pueden, tienen derecho a alquilar un vientre ajeno; surge el derecho a exhibir extrañas formas de sexo; los enfermos y depresivos tienen derecho a exigir el suicidio, como los viejos, que se mueren de soledad y aburrimiento en las residencias, porque en las casas no hay sitio ni quien pueda cuidarlos.
Demasiados derechos para tan pocos deberes.
Soy antigua, ya lo sé. Será por eso. Pero a veces me parece oír la risa siniestra de alguien que se recrea en este cuadro de desolación y muerte
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