Quisiera
despertar una mañana
y
ser Cesar Vallejo, solo un poco,
que
un soplo de su viento ámbar y loco
desencuaderne
mi sintaxis plana,
que
desate los versos que coloco
en
rígida postura cartesiana,
por
sentirme genial esa mañana,
olvidadas
las rimas que equivoco.
“César
Vallejo, te odio con ternura.”
Sueño
mi verso como el tuyo alado,
recóndito,
sutil y desasido
y
mi canto pionero en la espesura
de
un lenguaje de niebla, elaborado
con
menos pentagrama y más sonido.
Madrid,
1985
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas gracias por comentar. Tu opnión es muy importante.