jueves, 21 de abril de 2022

MASCARILLA

  Llevamos  dos años sometidos a situaciones no esperadas, que hacen temblar los palos del sombrajo que acoge nuestra tranquila y monótona vida. Una pandemia universal tarda  mucho tiempo en  reaparecer, no viven quienes puedan darnos consejos para afrontarla; lo mismo pasa con la proximidad de una guerra,  que amenaza convertirse en mundial.  Todos los acontecimientos de nuestra vida que son, o lo han sido,  vividos por millones de personas, como problema humano universal,  merecen ser analizados y sometidos a  crítica y estudio por cada uno de los individuos, que  los soportamos.

 Ahora  se presenta un debate aparentemente menor, pero tiene a mi parecer un importante aspecto: la elección de llevar o no llevar la mascarilla, que se deja a la decisión responsable de cada una de las personas. Así debería ser siempre, pero dos hábitos adquiridos lo impiden, el de quienes no se rigen más que por el capricho, sin valorar sus deberes de  ciudadanos e incluso tienden a incumplir la norma por el gusto anárquico de desobedecer; y por otro lado la pulsión de imponer, y su contraria prohibir, habitual en los gobernantes baratos y frívolos.

    Cuando   surge el debate sobre temas o acontecimientos muy importantes, es difícil conocer  opiniones diversas profundamente  meditadas sobre los hechos.   Las personas en su mayoría, exponen su opinión con excesiva presencia del yo, mi, me, para mi, conmigo, que impide el  análisis mental objetivo de un acontecimiento, sin carga emocional; el impacto causado por la situación crea un  subjetivismo influido por su entorno familiar y social y de los medios de comunicación.

 Se llega a la conclusión de que la  mayoría de la  gente prioriza sus sentimientos y emociones, pero teme  pensar, analizar,  juzgar,  discernir,  ignoro si es porque  no sabe, no puede o no quiere.  



  

miércoles, 6 de abril de 2022

PENSAR


Cogito ergo sum. Pienso luego existo. 

Pensar es el mas alto don que la naturaleza, el creador, Dios para mí, nos ha concedido a los seres humanos. A  pensar y a meditar,  que es lo mismo, han dedicado muchas horas de su vida los  sabios y los santos, que deben ser  nuestro ejemplo y guía.  

 Pensar es necesario para toda decisión humana, desde hacer una comida, comprar unos zapatos o elegir pareja para convivir, se precisa un previo y  escalonado ejercicio de observación, análisis, critica, desde nuestra jerarquía de valores, para priorizar, discernir, decidir y elegir. Así lo hacemos. Sin embargo demasiada gente tiende a  actuar sobre un patrón al que seguir, con las máximas seguridades de acierto y  solución a corto plazo, y pensar lo menos posible.  Ejemplo: es moda, lo tienen o lo hacen todos,  se ha hecho así toda la vida,  me apetece, me cae bien, lo ha dicho X, (político,  periodista, presentador, o charlatán de turno).

Todos recibimos desde niños unos principios, unas normas, como pilares de nuestra educación, sobre ellas se teje una red de teorías,  opiniones y costumbres que dirige nuestro comportamiento. Creo que este entramado necesita, en muchos aspectos, ser revisado para hacerlo conscientemente nuestro. Pretender que nada cambie,  seguir toda la vida laxamente aferrados a unas cómodas costumbres predeterminadas, es negarse a la libertad y al pensamiento individual. Llega  una  edad en la que la  madurez exige cuestionar lo recibido. Años después es  seguro que rectificaremos algunos puntos, y volveremos a los rechazados, pero nuestra libertad de pensamiento nos exige este análisis y juicio continuo   para trazar un camino nuestro, con las propias ideas como base. Es de sabio saber cambiar de opinión.

Algunas personas en su primera juventud, confían demasiado en su propio juicio,  aún inmaduro, rechazan lo adquirido en su educación y cometen  graves  errores en su vida. Pero  tan grave como esto es actuar, e incluso  creer, sobre un guión redactado por otros, y suponer que es inútil, en los grandes temas cuya solución no está a su alcance,   pensar sobre ellos. 

Pensar es hoy un trabajo  complicado para la mayoría de las personas, por eso dejan las opiniones en manos de otros, renunciando al derecho a cuestionarse todo  aquello que alguien quiere imponerles. Sea en materia religiosa, política, social, están desprotegidos ante los errores y  los intereses de los demás; son masa moldeable para la propaganda  política, la publicidad comercial o de los  poderes  que tienden a imponer su pensamiento, y un estilo de vida.