sábado, 31 de julio de 2021

DEMASIADO TARDE

 

DEMASIADO TARDE

He estado leyendo en la Biblia el libro de La Sabiduría. Escrito por un judío culto y helenizado en la segunda mitad del siglo primero antes de Cristo, es por tanto el último del Antiguo Testamento. Su definición de la sabiduría, coincide con la de los libros anteriores, como el don del conocimiento que  emana de Dios, pero en algunos pasajes la describe en sus cualidades como un ser personal, activo, con una actuación distinta  del Dios Padre creador y todopoderoso, cuya figura  estaba bien asimilada por el pueblo judío.
En el libro se vislumbra entre líneas la inspiración de la existencia del Espíritu Santo, que, siendo y estando en Dios,  tiene su propia actuación en el plan salvador. Toda la escritura del Antiguo Testamento va llevando lentamente al conocimiento de Dios; no era  tarea menor dar a conocer a un pequeño pueblo elemental, algo tan difícil como la cualidad tridimensional del Dios de los cristianos: Trino y uno; tres personas unidas por el amor y con un papel distinto en la  intervención de la vida de los hombres.
Los judíos esperaban al Mesías, ampliamente profetizado en Isaías,  y reconocían con ello su cualidad divina. Faltaba  esta tercera persona, a la que en el AT y en la iglesia de hoy, atribuimos entre sus dones la sabiduría, la inteligencia, el conocimiento, la ciencia.
Es extraño que, temas de este tipo no sean tratados  en el discurso de los pensadores de hoy, ni esté con frecuencia en las conversaciones de las personas que se llaman  cultas.
 La religión,  después de unos siglos de  presencia excesiva en la sociedad, ha sido apartada con brusquedad, con crueldad,  de la vida cultural, intelectual y  espiritual. En España, hay pocos pensadores y  siempre radicales en sus posturas y hoy no tocan el tema para no parecer de derechas o carcas o beatos o fanáticos o qué sé yo qué inventadas etiquetas, que se coloca a las personas creyentes.              Para la gran masa,  instalada en una cultura de los sentimientos más elementales y urgentes -dinero, sexo, cocina- la inquietud religiosa es un tema teórico para calentar inútilmente el cerebro. Hay un importante grupo que admira la espiritualidad oriental, tan alambicada  y difícil de asimilar para nuestra cultura y costumbres, y en cambio   desconoce el cimiento  de toda la  civilización occidental. En Alemania la teología figura en las universidades con rango semejante al de cualquier otra asignatura de la filosofía. Francia ha dado un plantel de importantes escritores y pensadores en el siglo XX que abordaron el tema de la religión con éxito de lectores:  Robs, Pèguy, Bernanos, Mauriac Claudel, Weil, Girard, Frossard... Aquí no.                                                                                                                            Pero deberíamos ser  más prácticos, porque nada hay tan importante para todos los humanos, como conocer el  porqué de nuestra existencia y la posible  vida futura, post mortem, con el juicio de Dios. Sería una irremediable desgracia enterarnos demasiado tarde.

lunes, 26 de julio de 2021

TODOS Y TODAS

Cambiar el lenguaje es frecuente pretensión de un partido político que aspire al poder o ya lo ejerza.  En los de corte totalitario es un axioma.

“Todos y todas” dijo el otro día una ministra. Con un supuesto feminismo, estas personas caen en la necedad del que mira el dedo cuando  señalas la luna, no analizan, explican ni argumentan.       Sin un previo análisis y raciocinio, demuestran desconocimiento  de la lógica y la dinámica del lenguaje, que busca hacerse  breve, ágil para su uso y  se adapta paulatinamente a  los cambios sociales.

Todos pertenece en español al grupo de palabras o pequeñas frases tan inclusivas, que no permiten que nadie quede fuera, todos se refiere a cada una de las personas presentes o aludidas  de todo sexo, raza y condición.  Lo mismo que “la gente” (femenina acabada en e), "las personas", (femenina plural) o  los "seres humanos".        Si la susodicha ministra  intentaba un lenguaje inclusivo, cayó en lo contrario con una forma excluyente, sacó  a un grupo  de un todo inclusivo  y ninguneó  a varios otros referidos en ese “todos.   Formando grupitos distintos de personas que  sufren alguna discriminación, con una valoración basada en la desigualdad evidente: los mendigos, los inmigrantes, los  gitanos, los incultos,  los moros, y físicamente: los cojos,  obesos, calvos, enanos, zurdos, miopes, homosexuales,  tuertos, disminuidos, viejos,  etcétera, etcétera, quedarían  fuera  del todos inclusivo.

En el lenguaje se trasparentan las costumbres y tendencias sociales, por eso ya no usamos la palabra polisón.  El  gobernante, con brillantes ideas  y mucho trabajo, debe intentar cambiar la injusticia de toda marginación y,  poco a poco,  caerán en desuso viejas palabras,  pero  no tiene derecho a cambiar arbitrariamente   un lenguaje, porque no se le ha otorgado ese poder, ni siquiera a la Real Academia  Española; la lengua es del pueblo, que la cambia y la moldea a su gusto según modas e influencias  extranjeras, a veces con desorden y error, por influencia de la  incultura de políticos, comunicadores y periodistas  

En el caso que nos ocupa, algunos, con ideologías totalitarias,  nos recuerdan demasiado a  ese grupo más peligroso, liberticida, destructivo de los más sólidos valores, al cual denuncia  Victor Klemperer, famoso filólogo alemán, en su libro LTI, que deja en evidencia los métodos de imposición  de la maldad nazi, por subrepticios caminos secundarios.

Cuando un periodista entrevista a un personaje político que usa el lenguaje diferencial y  excluyente (mal llamado inclusivo), debe exigirle en primer lugar que explique los argumentos lingüísticos, ¡por favor no ideológicos! que le llevan a esta duplicidad del género, u otras incorrectas frases. Dada la imposible demostración de su utilidad, y la incapacidad de discernimiento de los que lo emplean, el entrevistador con inteligentes preguntas y sinuosas réplicas,   puede lograr que él o la  en cuestión, gaste  en ello todo su tiempo y nos libre a los lectores, oyentes o televidentes, del cargante rollo- mitin que  había preparado  el cerebro gris de su grupo político.