lunes, 31 de agosto de 2020

¡PUES QUÉ BIEN!

 Una vez más lo intento: No quiero hablar del tiempo ni de política, pero  tanto uno como la otra se empeñan en darte ocasiones extraordinarias para volver al tema vetado. Aun nos sentíamos en un verano caluroso, diría mejor asfixiante y de pronto una tormenta no demasiado aparatosa, con vientos de no sé donde, nos ha situado en pleno otoño. A mí el otoño me gusta, confieso ser una de las pocas personas que prefieren la melancólica  belleza de ese mes cobrizo, a la abigarrada  primavera excesiva en todo o al desecante verano  dominado por el cruel dictado del rey sol...

¡Pues qué bien  han bajado las temperaturas!, pero si te coge en la playa con pantalones cortitos y camiseta de tirantes y además de encontrarte impropia te amenaza el resfriado, la situación es menos romántica. Comprarse algo nuevo siempre  hace ilusión y tenemos la coartada de la "fuerza mayor"para llevarnos una cazadora vaquera, que va con todo, y cuando hace calor estorba y cuando hace frío no abriga: Ideal.

Yo no sé si hay un ángel especialmente dedicado a administrar el tiempo, pero me parece que estos cambios bruscos y fuera de estación están promovidos por alguien con neuróticos cambios de humor o con muy mala idea, rasgos que a un ángel  no le pegan, según su perfil tradicional.

Lo nuestro, de todas maneras, es quejarnos, unas señoras decían esta mañana "qué  frío hace" Con 20 grados no hace frío, ha bajado mucho  la temperatura, pero si a eso le llamamos frío no nos quedan palabras en el diccionario para los cinco bajo cero. En realidad hacía la misma temperatura que en los restaurantes cuando la gente se queja de calor en la calle.  Esto lo  hacen para obligarnos a llevar una rebeca, porque los escotes aturden mucho a los camareros, que llegan a olvidar los pedidos y  los clientes masculinos,  distraídos comen menos. ¡Machismo!

Septiembre se nos echa encima. Y todo el mundo está nervioso porque nadie sabe bien qué hacer con los niños españoles y algunos extranjeros escolarizados. Este es un problema que se presenta en algunas ocasiones a los padres, a los profesores, a los abuelos y sobre todo  al ministro correspondiente. Yo opino que los niños han sido inventados precisamente para eso, para dar problemas. Porque si tienes dos niños o dos niñas, qué normal sería que tuvieran el mismo  carácter, las mismas aficiones y los mismos gustos. Pues no, son opuestos u opuestas. En una casa de cinco niños, a cada uno le gusta  una comida distinta y si los padres no son rígidos e intransigentes, como los de antes, tienen que preparar las comidas con cinco variantes. Una ensalada, por ejemplo: La mayor no toma mayonesa que engorda,  este no quiere lechuga, el pequeño vomita el huevo duro, a la niña le repite el  pimiento, y el pelirrojo odia el atún  y grita "apártalo, apártalo, que  está tocando al tomate".  

 Ahora para que no se contagien con el/la covid quieren separar a los niños: que no se toquen,  que no jueguen al fútbol regateando, que no escupan al compañero, que no intercambien cromos, ni comida, ni chuches... creo que van a crear una hornada de autistas.

 "Pues qué bien" 

miércoles, 12 de agosto de 2020

CALORES Y LECTURAS

 Día doce ya , aún en la canícula,  supervivientes a los ardores y sudores de las temperaturas africanas aderezadas con un espolvoreado de covid en  noticias, opiniones, críticas y previsiones apocalípticas.  

Pero no,  del tiempo no voy a escribir y de pandemia tampoco. He leído bastante  gracias a esta  reclusión y eso espabila mucho las ideas e invita a desahogarse en el teclado. Sin recordar ya  mi primera lectura, que ni siquiera recuerdo si fue completa, me he puesto con "Del Amor" de Sthendal y he sufrido una decepcionante impresión. Esta extraña  personalidad que se transparenta en este, no sé si llamarlo ensayo, boceto, diario o compilación desordenada de opiniones ajenas varias, dan una imagen de un leve e ingenuo volteriano, tocado de frivolidad aunque pretenda esconderla. Es preciso olvidar "La Cartuja de Parma" y "Rojo y negro," aunque reconozco que la teoría de la cristalización tiene su gracia.  Cuando  Henri Beyle logró  publicarlo, su librero le dijo: Su libro debe ser sagrado, porque nadie se atreve a tocarlo. Su éxíto llegó mas tarde, posterior a la fama por otras obras y novelas.

 ¡Oh,la fama! después de conseguida se publican los bocetos más torpes y los poemas más insulsos.  Quizá más tarde tampoco él estuvo satisfecho. Muchos de sus escritos quedaron sin terminar, lo que parece reflejar una inseguridad en sus propósitos y una falta de fe en la valía de su obra.

Las circunstancias influyen con fuerza en la opinión, de la que nos avergonzaríamos más tarde, y si viviéramos doscientos años  cambiaríamos de parecer muchas veces en la vida. Es probable que se nos haya concedido el olvido en la vejez para que no recordemos los errores que cometimos en  momentos pasados. Seguramente nos llevaríamos un buen disgusto y bajaría el siempre hinchado y maquillado concepto de nosotros mismos. Los que padecemos la manía de escribir lo tenemos más difícil, porque ahí queda negro sobre blanco; también las grabaciones hacen perdurar lo que a lo mejor en su momento solo fue fruto de un calentón y los políticos, que  no son ágiles conversadores, tienen que rectificar y  aclarar sus palabras.     

También he leído "Los Amnésicos"   de Geraldine Swarch, periodista y documentalista, hija de alemán y francesa que, a partir del comportamiento de cada uno de sus abuelos, analiza las posturas de consentimiento, mayor o menor, con la soráh y los crímenes nazis de los  contemporáneos de la tragedia. Desmenuza después cuidadosamente   el posterior y vergonzoso  olvido voluntario de la tragedia por  los estados, regímenes y dirigentes políticos, y la sociedad hasta finales de siglo.

 La lectura decae en  la segunda parte con su estudio sobre Italia, los Balcanes  y los otros países participantes en el conflicto . Su tesis muy enraizada en la historia de sus familias de uno y otro lado, se contamina demasiado con su personal  opinión, por cierto no del todo coherente con su búsqueda de la justicia y los derechos humanos por encima de intereses. En su análisis del comportamiento de Polonia después de la guerra, critica agriamente su postura poniendo como ejemplo de falta de  libertades  la prohibición del aborto. No entiendo que, alguien que ha hurgado en la indiferencia  e insensibilidad ante la persecución  xenófoba y criminal de los judíos, no caiga en la cuenta de la   semejanza con la aceptación del aborto.  Este crimen social, que  llega  a calificar como un derecho eliminar- "contra natura-" al débil sin voz, por  los intereses del más fuerte además autor de la vida eliminada y encargado por la ley natural de su custodia. 

 Custodia. Bella palabra cuyos sinónimos son: protección, cuidado, defensa y conservación.