viernes, 28 de diciembre de 2018
SE VA
Pues se acaba 2018. Podemos contar un año más o un año menos, según nuestro estado de ánimo. Empezamos dentro de unos días el mes de enero del 2019, y hace un año lo veíamos en blanco, vacío y lleno de oportunidades, desconocido y apetitoso... Resulta que ha sido, más o menos como todos y, pasado un tiempo, cuando ya duerma en el recuerdo, no lo distinguiremos de sus compañeros anterior y posterior. La rutina, esa voraz devoradora, diluye los deseos y las ilusiones y una vez pasado, todo se vuelve plano y semejante. Solo la muerte levanta siniestros puntales, marcadores que lo definen y lo hacen diferente. Sí, cuando se ha sufrido la muerte de alguien querido, entonces el año se distingue. Los muertos se llevan sin pedir permiso pedazos de nuestra vida, nos dejan mutilados, y con la amarga sensación de estar en deuda con ellos. Por eso hay que procurar excederse cuando aún están aquí, no dejar para mañana el cariño, la ayuda, la comprensión, la risa compartida, porque quizá mañana ya no estén. "Los muertos son muy desatentos ni acuden a las citas ni devuelven los besos."
No hay que ponerse trágicos, a lo mejor nos espera ahí, agazapado, el mejor año de nuestra vida y en un momento, quién sabe si la primavera, desplegará sus alas de colores algo que iluminará nuestros días.
De momento podemos cambiar de cajón los calcetines, para estar obligados a pensar cada acto, conservar la ilusión y no hundirnos en la blandura de lo repetido.
A pesar de ser lo que suele hacerse, no pienso recorrer sus meses para recordar al año que se nos va, ya se encarga la prensa de llenar los espacios con los acontecimientos importantes: mucha política, algún óbito de actores o cantantes y estadísticas de subidas y bajadas económicas. Nosotros a lo nuestro.
La sociedad que nos rodea resulta vulgar, frívola, el dinero es, como siempre, el dorado y adorado dios que da poder, placer, y vivimos un poco atolondrados por el ruido excesivo de las ofertas y ablandados por la facilidad de conseguir los deseos.
Se trata de conservar, a toda costa, el espíritu crítico, agarrarse fuertemente a los valores morales, intelectuales, estéticos, que nos costó tanto tiempo y esfuerzo modelar, y situarnos en la rebeldía interior, para no disolvernos en la espesa nube de lo impuesto.
Llevo un tiempo en que me obsesiona una frase que, ¡claro! ya he olvidado su autor: "Intenta que tus actos te vuelvan cada día mejor persona". Me parece un magnífico programa, el único importante. No exige más que un poco de tensión, una alerta para no resbalar; porque todos sabemos qué es ser buena persona y cuáles fueron las veces en que nos decepcionamos a nosotros mismos. Y siempre cogidos de la mano de nuestro amoroso padre Dios.
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