viernes, 10 de agosto de 2018
A LA BÚSQUEDA DE DIOS
La eterna batalla de la izquierda de quitar la religión de la enseñanza reglada y que no tenga evaluación, vuelve a estar en los medios estos días. Creo que la asignatura de religión ha sido mal situada en los programas de enseñanza, se concedía a la iglesia el derecho de elegir a los profesores y esto caían en la tentación de derivar hacia una línea catequética.
El conocimiento de la religión católica, el cristianismo, su dimensión cultural y todos los acontecimientos históricos que lo rodean, es imprescindible para una formación completa del alumno.
Los profesores de arte suelen quejarse de que, la incultura de los alumnos, les impide entender bien el contexto de las obras, los temas y los porqués de algunos cuadros y esculturas.
La religión cristiana, con sus diferentes ramas protestantes, y ortodoxa, están estrechamente ligados a la historia del mundo occidental, en todos sus campos: la tradición, la política, la sociedad, el arte, la música, la literatura, la moral, las costumbres, y el ocio. Concretamente en Europa es imposible desgajar el conocimiento, del hecho religioso del cristianismo. Desde el emperador Constantino hasta nuestros días.
Después de tantos años de imposición férrea del comunismo en Rusia, la religión ha vuelto a surgir, porque es imposible erradicarla por una ideología política. Y con Stalin en el poder las "babuskas" tenían una luz encendida ante el icono, como lo habían hecho su madre y sus abuelas.
El hecho religioso es un fenómeno humano, porque en lo íntimo el hombre está desde su principio agobiado por un enjambre de porqués, que pretenden encontrar una respuesta al sentido de la vida.
La lucha por la supervivencia, el empeño en la mejora del entorno, el esfuerzo por vencer la enfermedad, paliar la desgracia y mantener un estado de bienestar, han mantenido al ser humano activo con su inteligencia despierta para conseguir la mejora de las condiciones de vida. ¡Y cuánto ha avanzado! Pero la negra sombra de la muerte fatalmente proyectada sobre cualquier ilusión o proyecto, hace pensar en la posible existencia de un ser exterior a nosotros, muy superior en inteligencia y capacidades, creador y dueño del mundo que habitamos. Todas las civilizaciones han creído en la existencia de uno o más seres superiores, que rigen nuestra vida y muchas declaran que este Dios se les ha revelado y dado a conocer.
Pero a ello se opone una reacción de rebeldía tan lógica como inútil, por indemostrable, que se estrella contra el inmenso muro del desconocimiento.
El hombre es un animal ascendido en su inteligencia, pero regulado por el tiempo, sensible a las variaciones de temperatura, desnudo, débil, necesitado de siete u ocho horas de descanso diario, sometido a la gravedad y con limitaciones físicas como la expulsión de los residuos de la alimentación, comida y bebida. El hombre es un pequeño ser, que solo puede presumir de su inmenso deseo de ascender. Para el conocimiento, la técnica, la belleza, el arte, la moral, toda traba es un reto para la lucha por hacer de este mundo algo mejor. Y eso, creo yo, que lo produce el imán de un ser superior, de un Dios al que presiente perfecto. Pero algunas religiones describen a ese Dios, no solo como grande y todopoderoso, sino como la fuente y el motor del Amor, de todo amor, y este sí que es el mayor deseo del ser humano: amar y ser amado.
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