sábado, 22 de octubre de 2016



 UNA SOCIEDAD CRIMINAL


 No hace tanto tiempo un  homosexual podía ser  condenado por escándalo publico o  perversión; sin llegar a esos extremos, se le ridiculizaba publicamente en teatros y canciones, estaba mal visto contratarlo en una empresa ni podía llegar a determinados puestos en la  administración o en la política. La mujer no tenía derecho al voto ni a administrar sus posesiones, sin la firma de su marido, no entraba en las academias ni  en las altas representaciones estatales. Si nos vamos un poco más atrás, el tráfico de esclavos daba beneficios exhorbitantes a los estados civilizados, con tolerancia ante las crueles condiciones de su transporte en los barcos de la muerte, y se  negaba a los negros hasta la existencia del alma. Años costó en Inglaterra erradicar el tráfico de esclavos, lo consiguieron unos grupos con  lucha heróica en el Parlamento, como nos muestra la película "Amazing Grace."
 Llegó la declaración de los derechos humanos, después de un siglo XX que nos hace tener asco de pertenecer a la especie humana, y por lo menos se reconocieron, aunque no baste para conseguirlo, una serie de  deberes hacia la dignidad de las personas, para evitar  las injusticias ya cometidas.
Estos crímenes estan hoy reprobados, prohibidos y castigados, aunque el tráfico de armas y de prostitución siga siendo un negocio  rentable.
 Pero  la sociedad de hoy sigue aceptando un crimen social repugnante: el aborto.
Algunos partidos o grupos sociales han hecho de él un derecho, cayendo en una degradación de valores. Se presenta como un acto liberador de la mujer, con un argumento tan fácil de rebatir que resulta ridículo: el derecho de la mujer a su  cuerpo. Estoy totalmente a favor de este derecho, ninguna mujer debiera ser violada ni forzada en lo más mínimo a tener trato sexual y mucho menos a engendrar contra su voluntad.
 Pero  "eso" que ha concebido no es su cuerpo. Cualquiera que haya estado embarazada sabe que en los primeros momentos te sientes poseída y el organismo muestra un cierto rechazo con síntomas no habituales.  Hay un ser que te ocupa.  Por un acto tuyo en  pareja, la naturaleza cumple y lo crea   dentro de ti precisamente para ser protegido, y una hormona se encarga  de infundirte sentimientos de ternura y apego hacia ese ser distinto, que se forma en tus entrañas. 
 Con la naturaleza, que nos impone a veces leyes ininteligibles, es muy peligroso jugar.  No pongas tu casa donde baja la riada ni la acomodes en el crater de un volcán. Ella es nuestra señora y aunque nos creamos tan grandes y listos, volará nuestra casa si se le antoja al viento, la boca de la  inmensa ola  devorará un pueblo entero,  y en unos segundos la tierra convulsa se rasga y hará caer las torres, que tanto nos enorgullecen. De estas cosas  podrían hablarnos muchas personas, si vivieran.
 Los seres humanos matan a sus crías después de concebirlas irresponsablemente, y nadie toma venganza por ello. Los pequeños cuerpos descuartizados  se ocultan en las bolsas de residuos sanitarios a los "ojos sensibles"; y el crimen continua.
 Pero estoy segura de que  aquí mismo o allá en otro mundo, donde sea que se encuentren un día los culpables de  apoyarlo o consentirlo, habrá un horrible castigo por el  repugnante agravio  de esta sociedad a las leyes de la naturaleza.



OTOÑO

Llueve. Oigo el repiqueteo monótono en mi ventana y me gusta. No me entristece la lluvia. Regala un poco de melancolía, pero da reposo, apetece el hogar, las cosas tontas que acumulamos sin sentido y forman nuestro  rincón: la estantería con los chismes de siempre, el sillón gastado, un libro de poemas, la música que pide ese momento....¡Muy tópico y algo cursi me ha salido el parrafito!
 Llueve y en  mi pasado hay lluvia. Mi infancia, mi adolescencia, mi primera juventud están en esa lluvia fina y llorona del orbayo, que por lo visto solo cala a los bobos y me caló tantas  veces.
 En Madrid llueve poco y mal. Las calles no estan preparadas: no hay soportales ni aleros anchos,   los sumideros atascados  forman charcos incómodos, y la gente tampoco  está preparada, los  coches derrapan,  se enfadan los conductores, suenan las bocinas, resbalan los viandantes, los paraguas con el soplo del Guadarrama se vuelven rebeldes... Un caos húmedo
En Madrid si llueve, mejor no salir.  La lluvia hay que mirarla caer por la ventana y oírla desde el sillón, y mañana, porque dura poco aquí la lluvia, saldrá un sol  juguetón tras las nubes y se hará dueño y señor de la situación. Madrid  se envolverá en su famosa luz de otoño, y todos volverán a estar contentos.