viernes, 8 de abril de 2016
!QUÉ POCA PACIENCIA!
Avergonzada, sí, me siento avergonzada. Llevaba muchos días de un incomprensible cansancio, me provocaba fatiga cuando caminaba unos metros, por esta ondulada calle en la que habito.
Me decidí a ir al médico y, después de los lógicos reconocimientos y dos análisis de sangre, se apreció una anemia; cuando aún no había vuelto a consulta para que me recetaran el hierro, surgió un espasmo de bronquios que, muy inoportunamente en plena Semana Santa, hizo sonar acorde con mi respiración, a la orquesta Filarmónica de Filadelfia. Apenas comenzada la medicación, recluída en casa para evitar enfriamiento o catarro, se presentó, sin previo aviso, una contractura que descendía por el nervio ciático abajo, como si fuera terreno de su propiedad; el sueño resultó dificil porque no había postura que a mi quisquillosa pierna le pareciera bien.
Consulté con la amable médica que me atiende, por teléfono, ya que dicho miembro inferior, se negaba tercamente a todo desplazamiento; una semana después, atorada de pastillas y sin notar mejoría, ha acudido a la cita el mareo. La otra noche las paredes de mi humilde, pero creo que bien construida vivienda, decidieron bailar a mi alrededor curiosas danzas, sin música que las acompañara. Y mi sensible estómago se lo tomó a mal. Pues bueno, créanme si les digo avergonzada que, ayer desplazándome torpemente con dos muletas por la cocina, un resbalón casi me hizo dar con mis huesos en el suelo, y me enfadé violentamente con quien quiera que sea el responsable ¡por poco suelto un taco! Ya lo sé, ustedes lo están pensando y yo me lo repito a mí misma: ¡Qué poca paciencia tengo!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas gracias por comentar. Tu opnión es muy importante.