lunes, 28 de marzo de 2016


 CAMBIANDO
Es curioso observar que las primeras actuaciones de las alcaldías en manos de los partidos que se llaman de cambio es, efectivamente,cambiar, pero nunca las cosas que pide el pueblo, a pesar de que ellos lo invoquen con insistencia. Los cambios  prometidos a la ligera en vísperas de elecciones, e imposibles de cumplir la mayoría de las veces, se aparcan en  cuanto se toca el poder.
 Y, para hacer que hacemos, se programan inútiles y peregrinos cambios, en los que el pobre ciudadano ni siquiera se había molestado en pensar cinco minutos. ¿Cambiar el nombre de las calles?  bueno, no está mal, entre otras cosas porque de la mayor parte de los nombres supuestamente ilustres no tengo ni idea de a quién pertenecieron ni por qué diablos han merecido una calle. Pero ¿en qué mejora esto mi vida?  El  rótulo del congreso de los diputados ¿sería más exacto y justo si se refiriera a varones y mujeres? Sí, es posible. La sufrida mujer que trabaja como mínimo ocho horas y dedica otras ocho (sí, ya sé que el día solo tiene veinticuatro) a  cuidar  los hijos  y el hogar, se pregunta si con esto le subirán el sueldo o dejarán los, todavía, numerosos varones machistas,  de considerarla un objeto decorativo para su uso y disfrute. Se me ocurre tanto que cambiar, pero no tengo derecho a decir nada, porque no me he presentado a las elcciones para intentar hacerlo, y  además tengo tendencia a no votar.

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