Es sorprendente que ante la provocadora actitud del grupo mayoritario del
parlamento de Cataluña los muchos comentaristas no hagan mayor hincapié en el
porqué de los nacionalismos. Se quedan en lo último lo próximo lo facil. No
se remontan a los comienzos ni hablan de la figura del pensador o el político
insensato y tantas veces malvado, que lanza a la vida pública una propuesta. Él o los que lo hacen, movidos por intereses,
resentimiento u odio personal, situaciones de incomodidad política o incluso de
manifiesta injusticia no calculan bien las consecuencias de esta propuesta. ¿Y si nos separamos? Facil
es derramar el agua y dificilísimo recogerla; se filtra y empapa rincones
inaccesibles , crea humedades, nunca se recupera toda. A un tipo de ciudadano acomplejado,
insatisfecho con su vida, perdedor en su
trabajo, a un inmigrante mal mirado socialmente, estas propuestas de pertenecer a un grupo
superior les redimen de su baja auto estima. Por eso es tan irresponsable y
dañino lanzar estas aventuras apetitosas para los más débiles, para colmar
ambiciones de políticos mediocres que no consiguen un buen gobierno y prefieren aplausos de
cantante.
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