Era esta una fecha en mi niñez y juventud dedicada a las bromas, algunas simplonas y otras verdaderamente pesadas, que muchos no sabían aceptar, y acarreaba disgustos y rupturas de amigos.
Queda ahora en televisión española un Programa llamado "Inocente, inocente" que graba complicadas escenas para hacer caer a las víctimas, escogidas preferentemente entre los famosos del cine, la tele y la canción, para gastarles la sofisticada broma preparada.
Hay veces que resulta muy original y la víctima lo acepta con talante resignado, porque lo importante al emitirla por RTV, con una puesta en escena de gran gala, es reunir donativos de empresas y particulares destinadas a una buena causa social.
Esto es lo que quisiera hacer notar: las altas sumas recaudadas porque mueven el corazón con una vistosa y entretenida presentación de las instituciones benéficas necesitadas de mayores recursos para el tratamiento de personas aquejadas de complicadas enfermedades raras o incapacidades, que requieren una costosa atención continua y especializada.
Se recauda digo esa noche del programa Inocente, inocente", una alta suma de euros, pero pronto nos olvidamos de estas personas enfermas, de los profesionales y de los voluntarias que les dedican su tiempo. Al fin se disuelve la emoción y la solidaridad y siguen siendo invisibles en esta vida egoísta y consumista en la que nos movemos.
Porque deberían tener una presencia continuada en los medios públicos, en vez de tantas frivolidades y degradantes tertulias que pueblan algunos canales de la televisión so pretexto de entretener.