jueves, 17 de febrero de 2022

SONREIR

 Qué puede sucederle a esta vecina, me pregunto,  que pasa por mi lado desde hace 16 años sin saludar ni contestar a mi saludo,  con una cara seria como si hubiera recibido la noticia del fallecimiento de un allegado o la  de su total ruina o de una enfermedad con fatal pronóstico o....

 No me atrevo a preguntárselo porque quizá lo tome mal, pero es que me intriga y me preocupa. No es un problema de pareja porque tiene un marido o lo que sea, con el cual debe llevarse bien, por que les veo juntos salir y entrar desde hace 16 años, pero él tampoco saluda, tampoco sonríe y también parece muy abrumado por una horrible situación, que supongo será  familiar, dado el gesto  de su cónyuja.

Me preocupa, sí, porque un vecino es alguien cercano, que comparte muchos de tus problemas cotidianos: la avería del ascensor, el irregular  funcionamiento de la calefacción, los desagradables olores de la entrada, la limpieza del portal, o los insoportables ruidos, polvo o  la tortura de una obra  de remodelación en los pisos inmediatamente superiores al tuyo. Pienso mucho y me pregunto si no será simplemente un problema de agarrotamiento de alguno de los muy numerosos músculos faciales, que por la situación de la pareja en régimen de gananciales, afecta también a su marido.

 Una de las muchas limitaciones desagradables que nos ha impuesto el o la, covid es dificultar nuestra sonrisa reduciéndola  a un guiño de ojos.

 La seriedad del rostro produce un aspecto de  circunspección que puede ser en muchos momentos conveniente en el doctor que da una segunda opinión, en el jefe que   responde a tu petición de aumento de sueldo, en el director del colegio de tu hijo, o en el cura que te escucha en confesión ,en esos momentos las sonrisitas pueden ser mal interpretadas. Pero, un eterno y petrificado semblante circunspecto produce  un desasosiego en las personas cercanas que lo contemplan, seguramente perjudicial para la buena digestión.

Sonreír es fácil y barato, beneficioso para nuestra salud porque ensancha la abertura labial y deja entrar una bocanada de aire, y  muy agradable para los demás; es la primera de las obras de caridad. 

Yo lo aconsejo a todo el mundo ahora, que empezamos a salir de la pandemia y nos dejan ya quitarnos la mascarilla. Enseñe usted sus dientes blancos, iguales, que le han costado lo suyo .

¡Sonría, por favor!