Estamos en una época de decadencia, hay que aceptarlo. La historia nos enseña el ablandamiento en la abundancia, la perfidia del poder absoluto, el desgaste del lujo, y la putrefacción de la hartura. En el imperio romano o en la corte de Luis XIV y otras, se ve debilitarse en la abulia al ahíto de cosas innecesarias, que ya no tiene a qué aspirar, en qué soñar ni qué ambicionar. Después de las horribles tragedias de la guerra, el ser humano escarmentado y culpable, se reinventa, renace obligado a la actividad y al esfuerzo. Pero tras el estado del bienestar, conseguidos abundantes derechos, y en la facilidad de lo cómodo sin esfuerzo, el ciudadano se tumba hoy, real o metafóricamente, acepta cualquier postura calificada de avanzada y moderna y aburrido de oropel y flecos se decide por la estética del feísmo. Despreciando las reglas del arte clásico, con asco de lo bello, los miembros tatuados ocultan la ingenua armonía del cuerpo desnudo y tras una excesiva exhibición del lujo, se desprecia toda armonía, rasgando las prendas, despreciando las telas bellas. Los mas ricos viven en enormes casas de grandes ventanales exhibiendo dinero más que belleza, con acabados rústicos, barnices deteriorados adrede, alfombras y cortinas manchados, imitando lo viejo, que no antiguo. Pero las prendas desteñidas y rotas no son una apuesta por la austeridad o la sencillez, son muy caras, y conviven con los dorados, las lentejuelas y la pedrería en los zapatos y complementos; la moda se muestra exagerada para demostrar que unos seres superiores por dinero y presencia social, nos imponen lo que ha de llevarse aunque sea disfrazados de harapientos. Hoy no se lleva peinarse, las madres no peinan a sus niñas y proliferan los piojos, consiguiendo también el crecimiento de marcas farmacéuticas para erradicarlos. Algún líder político se presenta despeinado y en exceso informal, en los actos públicos; así mismo actores y presentadores de TV muestran esperpénticas cabezas desgreñadas y vestimentas desaliñadas creados por peluqueros o diseñadores carísimos.
Los glúteos han ganado el primer puesto en la estética actual en el hombre la mujer y los gays, es hoy el mejor y más deseado atributo, las faldas o pantalones masculinos se ciñen exageradamente, para exhibirlos mejor, formando figuras caricaturescas y ridículas; y las jovencitas llevan el culo tranquilamente al aire con mini shorts o falditas volanderas . No hablamos del intento de liberación de la mujer, hace años, ante la represión por la iglesia y los sectores conservadores, no, esto es fruto de la zafiedad y el feísmo que se ha puesto de moda . Es un síntoma más de esta dorada decadencia, esta mezcla de desidia y melaza, que convivirá con el hambre y el paro en la post pandemia.