El mayor ejemplo de puntualidad en nuestra vida nos lo da el calendario. Año tras año rueda enero, febrero... primavera, verano, otoño e invierno. Pero si usted vive en Madrid, verá que el tiempo y el calendario no siempre coinciden. Nunca estará seguro de qué día hará mañana, el tiempo es aquí muy suyo y rebelde ante la estación meteorológica. Ahora con los adelantos telescópicos y las estadísticas, el pronóstico del tiempo es minucioso y, ante un viaje, ya no es necesario llevar la ropa del "por si acaso," porque conocemos al detalle su comportamiento en cualquier lugar del globo. Esta información es especialmente útil en Madrid.
Cuando llegué a Madrid desde Santiago de Compostela, donde el manso orbayo era rutina diaria, contemplaba cada mañana con sorpresa estos cambios de humor que nos regala aquí el tiempo, incapaz de someterse al ritmo de la estación meteorológica. Da la sensación de que alguien voluble y temperamental, se encarga la víspera de programar nubes, rayos o vientos, especialmente en primavera todo depende del humor de este desconocido personaje. El armario tiene que mantener la camiseta sin mangas junto al impermeable, el biquini, la rebequita, la pamela y el "plumas." Pero hay algunos que pasan del tiempo demostrando su rebeldía y llevan siempre la misma ropa, fieles a sí mismos, por ejemplo a la cazadora vaquera o de cuero, y soportan estoicamente fríos y calores.
Hoy no quería hablar del tiempo, que es conversación de ascensor, sino de un tipo de personas que viven con sus hábitos contra viento y marea. La mayoría no dañan a nadie con su maniática postura, pero otros sí. Me refiero especialmente a esos individuos que desobedecen las normas: Han avisado que no se vaya a la sierra por esto o lo otro; que cuidado con la nieve; que hay peligro de derrumbe, de aglomeración o cualquier otro problema ciudadano. Ellos a lo suyo. "A mí me da igual, yo me voy este puente; no me pongo mascarilla, soy de mucho salir; que no me priva nadie de ir aquí y allá; yo no me quedo en casa, los sábados salgo con los amigos, me reúno los viernes a comer en el club... La pandemia ¡qué lata¡, bueno, yo he seguido haciendo mi vida de siempre."
Coinciden con los que no reciclan, porque es una pesadez, o los que van por el carril bus para tomar un desvío, o la vía de servicio. Otros son enemigos de la vacuna, predican sus tercas razones y te arrojan a la cara su increencia para que te sientas miedosa y pazguata.
Nada justifica su rebeldía. No pertenecen al grupo de asociales alborotadores, desarrapados con razonables motivos para estar en contra de las normas de una sociedad, que no se preocupa por ellos; no, estos son burgueses acomodados y con cierto convencimiento de que a ellos los problemas e intereses colectivos les rozan, pero no les tumban, porque son algo más que plebe. Presumen de puntuales, ordenados, eficientes, trabajadores, son gente de orden, pero se portan como asociales e insolidarios, y deberíamos hacerles una leve guerra de oposición, un educado corte de mangas: es decir chincharlos con nuestra burla, porque se la merecen.