jueves, 11 de febrero de 2021

ELEGIR

 

 

ELEGIR

 

Ahora se preparan  elecciones en  una autonomía con un interés político muy alto y unos  millones  de ciudadanos tienen que elegir.

 No es mi intención escribir de política,  sino  reflexionar  sobre   el vertiginoso avance de la técnica  que da   facilidades para el conocimiento, pero  potencia un comportamiento instintivo, más que ampliar nuestra actuación de máximo discernimiento.

 La duda es el gran problema  humano y se refleja muy especialmente en la toma de importantes decisiones. Nuestra condición ambivalente sometida al péndulo  de razonamiento y lo que llamaremos instinto, (vanidad, egoísmo, sentimiento, etc.)  escoran  hacia el equívoco en el momento de la elección.

Los educadores insisten   en que el primer paso para la formación de la personalidad sobre todo en la adolescencia, es la formación de una escala de valores. Con este baremo la persona por su educación, y  la observación inteligente de la vida, va  creando su lista de inconmovibles prioridades: Unos principios fundamentales, sostienen lo que ha de ser  el comportamiento del individuo.

 En el caso del  creyente, Dios estará en lo alto de la escala: La suprema sabiduría, nos  revela la verdad y con  su amor hasta la cruz,  obliga a corresponder y marca un camino.   Los no creyentes se guían por  principios éticos o morales (ethos en griego, mor, moris en latín) es la norma o costumbre de vida considerada correcta,  en una sociedad justa y civilizada.

 Sobre la base de estos principios se busca lo mejor, muy especialmente en la toma de una importante decisión; pero toda elección está sometida  al ascenso de estos escalones:

La Observación.- Primer escalón al que  hay que dedicar un tiempo. Las personas reposadas tienen una ventaja, se fijan en todo, nada les pasa inadvertido;  la rapidez o el atolondramiento son enemigos de la observación. Ante el momento de tomar una decisión  sea colgar un cuadro, comprar unos zapatos, elegir  pareja, profesión, o trabajo  hay que observar con lupa cada una de las opciones que se  presentan.

El  Análisis.-   Dados unos presupuestos inamovibles, elijo entre los zapatos de mi número,   el análisis se hace ante menos propuestas, siempre sometido a  impuestos  forzosos y a otros que, se derivan de la necesidad, el gusto estético, la economía, la comodidad, desechadas las opciones  que no cumplen  estas condiciones, se analiza objetivamente las cualidades de lo que se va a elegir. 

El Raciocinio o Discernimiento.-  El raciocinio en un ejercicio de discernimiento dice, por ejemplo: No merece la pena tanto gasto para un solo día. El que  argumenta así tiene ya construido un buen andamiaje de principios fundamentales, un baremo que la educación le ha creado, una escala de valores. A veces, una de las opciones  fuerza y sobrepasa  el racional análisis: tengo unos parecidos, son incómodos, caros, pero “me he encaprichado” de ellos.  El capricho fuerza a una elección no racional,  culpable de muchos fracasos.

Juicio.- Se llega al juicio poniendo a prueba las cualidades anteriores: atención para observar;  capacidad  de análisis; ordenado raciocinio  y ahora la inexorable capacidad  crítica. El juicio es el malo de la película, es frío, tajante, no se le convence jamás y tiene  excelente memoria para recordarte toda la vida:  Nunca debiste elegir esto... 

La Elección.- Este, que  parece fácil subidos los cuatro escalones anteriores, es el momento en que se demuestra la madurez  para superar las dudas que  surgen de uno y  otro lado interceptando la decisión. Las personas inseguras, sin una personalidad fuerte, ni un criterio firme,  a pesar de los escalones ascendidos, no saben, no pueden elegir; no se fían de sí mismas y de su opinión y esto  da al traste con el laborioso proceso anterior. Los miedos a la sociedad, al que dirán,  la duda de las propias cualidades,  la incapacidad para una renuncia  o pérdida exigidas en la elección, empujan hacia atrás e imposibilitan  cerrar la decisión. 

El consejo.-  Es complementario. En un momento de insuperable duda es prudente buscar  ayuda en el consejo de una persona amiga, sabia, entendida, conocedora de la situación,  y además lúcida y honrada. La opinión se fortalece.