viernes, 22 de mayo de 2020
¡CÓMO DUELE!
No he escrito nada en este Blog durante el mes de abril.
Tiempo me ha sobrado para cavilar profundamente durante el confinamiento obligatorio, pero la obsesión por los múltiples problemas que provocaba el covid 19 (llamémosle por su aséptico nombre científico) no dejaba mucho espacio a otros temas. No era posible dejar de pensar en las complicadas situaciones en que se desarrolla la vida de algunos seres humanos en el mundo, la pandemia ha resaltado gravemente muchas de ellas. El paro, el hambre las dificultades para una igualitaria y justa educación de los niños, la imposibilidad de un buen desarrollo sanitario, que ha hecho de los profesionales auténticos mártires, la cruel carencia afectiva a la que se ha sometido a los ancianos, hasta la muerte en soledad, la siniestra abundancia de cadáveres, la ausencia de funerales ni duelo.
¡Cómo no pensar! hemos pensado obsesivamente hasta sentir el dolor en nuestra carne.
Ahora no es que el virus haya sido vencido, eso solo se logra con una vacuna que tardará mucho en su elaboración y distribución, o con un medicamento eficaz y barato. Los laboratorios científicos echan humo con un trabajo sin descanso, pero ni los más optimistas piensan en algo efectivo antes de marzo del 21.
Se ha vuelto a la calle con protección y las precauciones de distancia, obligados por el miedo a dar entrada al peligroso virus del hambre, que ya mostraba su rostro. Comenzamos a ver en los países más desfavorecidos, que las consecuencias de esta peste serán horribles.
Quedará marcado en la historia este siniestro juego de dolor y muerte, que vino a burlarse del mundo en tiempos de una aceptable prosperidad, una casi conseguida paz mundial, vigente la declaración universal de los derechos humanos, con un apetecido bienestar social, logrado en los países más ricos.
Como una blanca flor en el vertedero, han proliferado los actos de fraternidad; son muchos los que han aportado su capacidad, arte, ingenio, dinero, humor, servicio, fuerza, para ayudar a las personas cercanas o lejanas a superar sus problemas o a tener unas horas más agradables.
Y surgen las preguntas ¿cuándo terminará?, ¿ qué nuevo estilo de vida va a instalarse para evitar la propagación del virus? sabemos que se impondrá la helada relación social británica. Bares, museos, conciertos, actos religiosos, limitarán su aforo para guardar la precaución sanitaria, todo perderá el encanto de la reunión.
Somos grupo nos sentimos "yo" junto a los otros; forzosamente esta epidemia tendrá consecuencias psicológicas en nuestra nueva vida.
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