viernes, 6 de septiembre de 2019


LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO

En un vacío Madrid de vacaciones, parecía sobrarme tiempo para el comentario habitual pero, el momento político absurdo e inaudito en los últimos años de democracia en España,  me tenía algo obsesionada y, como de la abundancia del corazón habla la boca y escribe el teclado, temí lanzarme otra vez al  comentario político. No quiero.
 Tampoco voy a hablar del tiempo pero sí dejar constatada mi intolerancia a  las temperaturas que exceden los 27 grados centígrados.  En la meseta española la temperatura tiende a ascender rápidamente cuando alcanza los 25 grados y en su carrera supera los 30..
 Y ya  es bastante para lo que quiero decir: que  he salido poco a la calle. Aquí he seguido como llevo haciéndolo desde hace varios meses, leyendo un exhaustivamente documentado libro sobre Beethoven de un  compositor que incluye despiadadamente páginas de partituras para mí ilegibles y comentarios sofisticados sobre cada composición. Aún con la audacia  de saltarte páginas, con riesgo de llevarte por delante alguna anécdota o dato biográfico de interés, como el tomo es de 1500, y letra de un cuerpo pequeño, nunca ves terminado este mamotreto.  Cuando escucho alguna de sus composiciones acudo al libro y me empapo de  detalles unas veces técnicos, otras anecdóticos sobre ellas, repletas de nombres alemanes de imposible pronunciación para mí. Confieso que ya he olvidado los datos de las primeras páginas, y estoy un poco harta del libro de Beethoven, pero sigo gustando de su preciosa y apasionada música.
La manía de los libros gordos se ha extendido peligrosamente en los últimos años debido- pienso yo- a la enorme facilidad que hoy supone escribir con la ayuda de Internet. Todo es fácil: localizar bibliografía sin llenar la estantería de tomos,   conseguir y ordenar la documentación antes acumulada en las fastidiosas fichas, el hecho en sí de la redacción que se puede cambiar, posponer,  guardar y borrar con un clic.
 Yo amo la brevedad. Mis poesías , poemas o como haya que llamar eso que escribo, pocas veces sobrepasan a los sagrados catorce versos del soneto, que  Quevedo, Góngora, Herrera, Juana Inés,  escribieron,  quizá por simple pereza o  porque alguien inteligente dijo hace siglos que lo bueno si breve dos veces bueno,  el dicho ha flotado sobre los siglos y nadie lo ha  refutado seriamente hasta ahora.
(Redactada 29 de  agosto)