martes, 30 de julio de 2019
PATRIA
El ser humano se caracteriza por su gran capacidad de adaptación. Aprende a vivir en los climas y las circunstancias más adversos y vencer estas dificultades le supone un reto estimulante. Es lógico preguntarse porqué algunas personas escogieron lugares tan inhóspitos para asentar su tienda; quizá venían cansados de muchos kilómetros de búsqueda y ya no tuvieron fuerza para seguir adelante.
El caso es que encontramos habitantes en los desiertos sin agua y sin vegetación, sometidos a las tormentas de arena, alejados de otros asentamientos humanos; o en las laderas de los volcanes, con la amenaza del caprichoso monstruo; o en las selvas expuestos a los ataques de los animales salvajes, o en las siempre congeladas tierras del norte. Y todos dicen amar sus patrias y preferirlas a otras.
Ningún ser humano eligió el lugar de su nacimiento. Por tanto, deducimos que el amor a la patria parece ser una cuestión de costumbre y adaptación. Donde se vive la infancia, donde los padres te cuidaron, te adiestraron para la vida y te dieron amor, donde están tus primeros recuerdos, allí es el lugar preferido de casi todos los humanos.
Más incomprensible es que, los naturales de algunos lugares, hagan de ello una especie de religión combativa, excluyente, despreciativa de los otros. Creo que estos sentimientos exacerbados no existirían sin que, un avispado grupo de"pensadores", hayan hecho del patriotismo una buena ocasión aprovechable para la consecución de poder, con fines políticos y económicos.
Partiendo-se dicen estos repugnantes manipuladores- de que todos tienen un sentimiento patriótico primario, hagamos ahora crecer irracionalmente este sentimiento. Diseñan sus programas supremacistas y totalitarios donde se cambia el lenguaje y la historia con mentiras o medias verdades, y, como algo esencial, se cultiva un resentimiento hacia el vecino, al que califican de enemigo con inventadas culpas y lo desprecian con baremos racistas.
Con mi más refinado respeto a la democracia, el pueblo en masa es manejable, le halaga que le den razones para sentirse superior, y cae en el nacionalismo extremo. Según lo bárbaro e irracional que sea este pueblo, puede llegar al odio y hasta el asesinato.
En el caso de ese país del norte de España tenemos el ejemplo de degradación y perversión de una sociedad. Un tal Sabino Arana se propuso institucionalizar el ya excesivo amor patrio de estos habitantes, algo primarios en gustos y dedicaciones. Y fundó el movimiento nacionalista. Por su maléfica influencia, la sociedad se constituyó en tres grupos y un pequeño resto:
1.- Los asesinos terroristas.- Pequeña banda engendrada en lo más irracional y radical del movimiento nacionalista separatista; individuos extremistas ajenos al raciocinio, escogidos por su falta de principios, de moral, y de piedad, partidarios de los métodos contundentes e inhumanos.
2.- Los consentidores.- Políticos, burguesía hiper católica, escritores, eclesíásticos, empresarios, y una izquierda confusa en su oposición capitalista - que consienten la maldad, cerrando sus sentidos a la repugnancia moral, porque esperan beneficios económicos, políticos, de poder, de prestigio, de lugar internacional.
3.- Los cobardes.- Estos últimos son un grupo grande de ciudadanos normales, trabajadores, honrados, que, aún sintiendo atracción por un romántico nacionalismo, tienen repulsa moral por los métodos violentos, la mentira de la historia y el odio al otro. Estos tenían el germen para haber creado un activo contra- poder al separatismo radical y asesino, era numeroso para salir a las calles, pero fueron atenazados por el miedo. No hubo impulso para formar un movimiento social de valientes, como la historia nos cuenta en otros países, que se opusieron a la maldad, con heróico riesgo de sus vidas. Hoy rumian su inoperancia con sentimiento de culpa.
4.- El pequeñísimo resto está formado por las víctimas: los vascos que murieron asesinados por mostrar su democrático desacuerdo con los matones; y los muy numerosos que decidieron huir obligados a renunciar a su querida patria.
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