martes, 4 de junio de 2019
SABER ELEGIR
Ahora que, tras las elecciones, los partidos políticos se enzarzan por conseguir el pacto perfecto que les lleve a la gobernación sin mancharse de mala reputación, podríamos hablar de la ambivalencia humana que perturba tantas veces nuestras decisiones.
Pero no es de política de lo que quiero escribir hoy, sino de esta época en la que el vertiginoso avance de la técnica aumenta las facilidades, pero potencia, pienso yo, nuestro comportamiento instintivo, más que ampliar nuestra actuación de máximo discernimiento.
La duda es el gran problema humano y se refleja muy especialmente en la toma de importantes decisiones. Nuestra condición ambivalente sometida al péndulo de lo que llamaremos animalidad, sin ningún tono peyorativo, y el impulso interior del ascenso, escora muchas veces nuestra manera de actuar. hacia el polo no más conveniente. Pero ¿a qué llamaremos conveniente?
He aquí el dilema. Algunos educadores, no sé si solo en mi tiempo, insistían machaconamente en que el primer paso para la formación de la personalidad sobre todo en la adolescencia, es la construcción de una escala de valores. Con este baremo la persona por educación y poco a poco por la observación inteligente de la vida, va creando su lista de inconmovibles prioridades: Los Principios fundamentales. Este es el cimiento que sostiene lo que ha de ser en el futuro el comportamiento del individuo.
En caso de ser creyentes, Dios estará en lo alto de la escala: La suprema sabiduría que se nos ha revelado y un amor hasta la cruz, que obliga a corresponder, marcan un camino. Los no creyentes se guían por los principios éticos o morales: ethos en griego, mor, moris en latín, son lo mismo: aquella conducta que las gentes "de bien" en una sociedad civilizada aprueba como norma o costumbre de vida correcta.
Sobre la base de estos principios la búsqueda de lo exactamente correcto, lo mejor en todo momento, muy especialmente en la toma de una importante decisión, es sometida al ascenso de cinco escalones.
La Observación.- Es el primer escalón al cual hasta el animal dedica un tiempo. Las personas reposadas tienen una ventaja, se fijan en todo, nada les pasa inadvertido; es muy necesaria cualidad, la rapidez o el atolondramiento son enemigos de la observación. Ante el momento de tomar una decisión sea colgar un cuadro, comprar unos zapatos, elegir pareja, profesión, trabajo o dedicación hay que observar imparcialmente cada una de las opciones que se nos presentan. Y ascendemos
El Análisis.- Dados unos presupuestos inamovibles el análisis se concreta en un menor número de propuestas: solo elijo entre los zapatos de mi número. No puedo gastarme más de X. Está pues sometido a estos impuestos forzosos y a otros que se derivan del gusto estético, la comodidad, incluso la posesión de otros semejantes. El primer paso es desechar todas las opciones que no cumplen con estas condiciones ya determinadas para disminuir el número de posibilidades. Y analizar objetivamente las cualidades de lo que se va a elegir.
El Raciocinio o Discernimiento.- El raciocinio en un ejercicio de discernimiento dice: No merece la pena tanto gasto para un solo día o no es lo que necesito o me roza un poco el dedo. Se supone que la persona que utiliza esta herramienta tiene ya construído un buen andamiaje de principios fundamentales, un baremo que la educación le ha creado: una escala de valores. A veces, una de las opciones fuerza y sobrepasa el racional análisis: tengo unos parecidos pero estos me gustan mucho, son incómodos o caros pero me he encaprichado de ellos. Que en la elección de la pareja sería: Es necia/o y frívola/o, pero me atrae mucho fisicamente.
Juicio.- Se llega al juicio poniendo a prueba en los escalones anteriores las otras cualidades: atención para observar; capacidad de análisis; ordenado raciocinio y ahora la inexorable capacidad crítica. El juicio es el malo de la película, es frío, tajante, no se le convence jamás y tiene excelente memoria para recordarte toda la vida: Nunca debiste elegir esto ...
La Elección.- Este que ya parece fácil subidos los cuatro escalones anteriores, es el momento en que se demuestra la madurez para superar las dudas que surgen de uno y otro lado interceptando la decisión. Las personas inseguras, que no han conseguido por distintas razones una personalidad fuerte, a pesar de los escalones ascendidos, no saben, no pueden elegir; no se fían de sí mismas y de su opinión y esto puede dar al traste con el laborioso proceso intelectual. Los miedos a la sociedad, al que dirán, la duda de las propias capacidades, o la dificultad para una renuncia o pérdida, exigidas por la elección, empujan hacia atrás a la persona y la imposibilitan para cerrar su decisión.
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