sábado, 30 de septiembre de 2017
MALDADES Y TORPEZAS
Otra vez en Cataluña, por otra razón no tan trágica, pero sí preocupante. La convocatoria de un referendum ilegal por el gobierno secesionista de Cataluña.
Mis abuelos maternos eran catalanes.
Un poco por esta ascendencia y a pesar de las malignas y retorcidas posturas del nacionalismo catalán, me impongo el deber de ser objetiva.
Los nacionalistas del Govern son tan torpes en sus argumentos, que ellos mismos se descalifican. Es facil equiparar sus modos a los de cualquier nacionalismo pasado, eso sí a Dios gracias, más facilmente desmontable por sus propias torpezas e incongruencias.
El empecinamiento de la celebración de un referendum prohibido por el tribunal constitucional, fue solo una forma de incordiar al estado español. Lo mismo podrían haber retado a construir el más alto "castillet", a bailar una sardana que rodeara las cuatro provincias, o a organizar una calçotada gigantesca. Conocen de sobra por las encuestas de opinion pública, las elecciones al parlamento, y el propio referendum del 9-N, que son muchos, pero no mayoría.
El gobierno debería haber reaccionado de otra manera. Rajoy repitió mil veces que la consulta no se celebraría, cuando él mismo no estaba seguro de poder impedirlo; dejó pasar inactivo, los días y el 1-O mandó a la policía, último recurso facilón, tan propio de dictadores. Una desagradable torpeza que nos hizo llorar de rabia y dolor ante las personas dañadas por la carga policial.
Es indudable, contra lo que muchos argumentan, que la policía es un cuerpo de defensa de la legalidad. Porque si consideramos violencia a la policía, no tendría el estado posibilidad de detener al delincuente o matar al terrorista. Por tanto mandarla a un acto ilegal es conforme a derecho. Los errores son de los mandos que ordenan la carga, nunca de ellos, que se juegan el tipo frente a la masa enardecida.
Los gestos de una multitud ilegal en su toma de la calle y de los colegios, convocada a colaborar con la celebración de un acto prohibido por el tribunal catalán de justicia, no son pacíficos, como los de un grupo que pìde un cambio de semáforo. Se llevaron los niños y los ancianos para evitar la carga policial, muy irresponsablemente, aunque estaban hartos de conocer la prohibición. Y habían venido grupos de antisistemas de Europa, cuyo único fin es destruir el orden establecido.
Yo presencié por televisión y oí, cómo un policía advirtió a la gente sentada, de que debían abrir camino para dejarles pasar a retirar las urnas. La desobediencia a la autoridad es un delito, cuyas consecuencias conoce cualquiera que conduce un vehículo.
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