TITIRITERA
Al llegar a esta edad se piensa mucho, bueno, no todos, hay quien no sabe pensar y ve la televisión.
A mí me divierte pensar, y darle inútiles vueltas a la cabeza. Hoy he pensado, y me he hecho una pregunta: ¿por qué te das cuenta de mayor de lo que deberías haber sido en la vida, que suele ser opuesto a lo que has hecho? Yo debería haber sido titiritera. Sí, sí, titiritera, desde niña dí pruebas de ello, pero creo que no era profesión que agradara a mi burguesa familia, venida a menos, y me enviaron a un colegio de monjas, a las que no gustaron nada mis innatas cualidades. Desde muy pequeñita me gustaba cantar, dibujar, diseñar casas y vestidos, sombreros, zapatos, disfrazarme, inventar cuentos y comedias e interpretarlas, hacer aleluyas, ponerles música, y sobre todo: me ha gustado hacer reír a la gente.
Siempre he tenido muchas amigas, que, se divierten conmigo y soportan mi desbaratadas gracias. Pero, como en "Pagliachi", algunas veces no están las cuerdas afinadas, y sale un humor chirriante, o agrio, o negro, o áspero, que crea incomprensión, y a veces enemigos.
Algunas personas cuentan chistes y se ríen mucho, pero no tienen sentido del humor. No sabría explicar bien qué es el sentido del humor, quizá sea muchas cosas, o sirve para cosas distintas, creo que es muy necesario para no darse demasiada importancia a uno mismo y para mantenerse en pie cuando la vida te zurra.
¡Qué pena! Me imagino con dos o tres compañeros locos, recorriendo los pueblos, en mi carreta pintada de
colores; los niños y los ancianos, que son
un público amable, reirían a gusto y me aplaudirían muchísimo, y con un gorro absurdo en la cabeza, bajaría hasta ellos para repartirles caramelos. Pero confieso que me falta algo para ser una buena titiritera: bailar. He
bailado danzas regionales en grupos numerosos, donde prima el conjunto, se supone que nadie se fija en ti, pero si me siento observada me
inhibo, mi cuerpo tenso se niega a obedecerme.
Nadie es perfecto.